La villa condal de Besalú conserva un conjunto patrimonial judío único en Catalunya: un micvé del siglo XII y vestigios de una sinagoga, fechada en el siglo XIII. En el año 1966, Besalú fue declarada conjunto histórico y artístico nacional. Desde entonces han sido muchos los hallazgos realizados y magnífica la recuperación patrimonial desarrollada. Sus calles medievales de trazado irregular y adaptadas a la orografía de la ciudad, los arcos, las escaleras, las casas de piedra, las tiendas que abren todo el año para ofrecer al viajero los productos artesanales de la comarca, el soberbio puente románico por el que se accede al núcleo urbano superando las aguas del Fluvià..., todo en Besalú guarda el encanto de un tiempo en el que esta hoy pequeña población de la Garrotxa gerundense fue plaza fuerte y cabeza de un condado próspero y poderoso, cuyos médicos judíos gozaron de una fama internacional y cuya aljama, al amparo de los condes, llegó a constituir posiblemente entre un diez y un quince por ciento de su población.

Emplazada en lo alto de un monte, en la confluencia de los ríos Fluvià y Capellades (su propio nombre en latín, Bisuldunum, indica su situación como fortaleza entre dos corrientes fluviales), Besalú fue un lugar estratégico ya desde tiempos de los celtas y los íberos, con señales de habitación desde el siglo VI antes de Cristo. Durante más de un siglo, desde la muerte de Wilfredo el Velloso en el 902, hasta la muerte de Bernardo III en 1111, cuando pasó a la Casa de Barcelona, Besalú constituyó la cabeza de un condado independiente de gran prosperidad, como recuerdan los bellos edificios románicos que han llegado hasta nuestros días.

Comúnmente se admite que los judíos llegan a Cataluña en la Alta Edad Media, en un primer contingente de entre diez y doce mil personas, es decir, entre un cuatro y un siete por ciento de la población catalana de aquel momento. Al lado de las grandes aljamas de Cataluña, como las de Barcelona (con más de cuatro mil personas) y las de Girona (con unas mil), Besalú constituyó una pequeña comunidad de unas cien o ciento cincuenta personas, lo que no impidió que su judería fuera una de las de referencia en el medioevo.

Los judíos se instalaron en el condado de Besalú a partir del siglo IX, pero no encontramos documentación escrita de su presencia hasta el siglo XIII.La noticia más antigua es de 1229, cuando el rey Jaime I el Conquistador hace saber a los judíos de Besalú y de Girona que a instancias del cardenal legado del papa Gregorio IX y a petición del obispo gerundense Guillem de Cabanelles, se prohíbe a los notarios extender contratos de préstamo con interés del veinte por ciento, so pena de multa del doble de la suma contractual, al tiempo que prohíbía a los judíos cohabitar con los cristianos. A partir de este momento, encontramos referencias continuas de los judíos de Besalú, de la sinagoga, de los alcaldes y los funcionarios judíos. Los judíos ocupan cargos oficiales en la ciudad y en la judería en particular, como bailes y secretarios de la aljama: en 1274 lo era Cresques Perfet, y diez años más tarde, Belshom Leví, Benveniste Zabarra y Vidal Tauler.

Hasta el siglo XIV, la judería de Besalú estaba representada por los secretarios de la aljama de Girona, aunque en alguna ocasión llevó a cabo su representación un secretario propio, como en 1326 en que se habla de los secretarios de la aljama de Besalú, sin dar sus nombres, aunque sí los de muchos miembros de aquella comunidad, como Caravita de Porta, Caracuasa Mair, Isjaq Astruc, Vidal de Moneéis, Vertzelay Benvenist, Salomó Graciaà, Astruc Zarc, Bonjuha Cavaller hijo de Astruc Maimó y de Biona Bonjuha, que se comprometen ante el portero del Infante don Alfonso a pagar a la aljama de Besalú lo que les correspondiera en la talla.

Los nombres de los judíos de Besalú son tan característicos que parecen tener identidad propia: su judería estuvo formada por familias de larga trayectoria y tradición en los condados limítrofes desde el siglo XIII. Apellidos judíos de Besalú se pueden rastrear todavía hoy en Israel: Balmanya, Moshé Besalú, Carcassona, Vides Durán... Fueron frecuentes en la primera mitad del XIV los apellidos Benet, Alatzar, Pairusa, Salomó Abraham, Piera y Goer, y sobre todo los Benvenist y los Bonastruc Vital, Bonastruch Mercadell o los Bonsenyor y Bonfill Bondía.

El 4 de octubre de 1264, Jaime I el Conquistador otorga un privilegio a la comunidad judía de Besalú para construir la sinagoga. En los documentos hallados se relaciona constantemente la sinagoga de Besalú con la la plaça dels jueus, o plaza de los judíos, y se la sitúa en la misma o en un lugar cercano. La sinagoga fue descubierta en el año 2005 junto al micvé, en el actual Pla dels Jueus.

La comunidad judía de Besalú tuvo un gran crecimiento hasta mediados del siglo XIV, proceso favorecido por las inmigraciones de judíos procedentes de Al Ándalus y de Francia, de donde fueron expulsados en 1306. La población de la judería se estimaba en unas 300 personas. Se trataba de una comunidad bien estructurada, con ordenanzas y privilegios semejantes a los de los judíos de Girona. Esta situación, hizo que finalmente, Besalú creara una colecta propia en el año 1342. En este año el rey Pedro IV ordenó que:

La aljama dels jueus de Bisulda e los singulars daquella sien tots temps separats dela cullita dela dita aljama dels juheus de Girona.

Es decir, el rey concedía a los judíos de Besalú el derecho de constituirse en una entidad propia independiente de la aljama de Girona. Antes de esa fecha, todos los asuntos de Girona repercutían en Besalú. Desde ese momento, la cullita de Besalú extendería su influencia a los núcleos de población judía de sus alrededores que, por su escasa entidad, no tenían consideración jurídica propia. Fue la época de mayor esplendor y dinamismo religioso y civil de la ciudad. La judería de Besalú estaba en contacto con todos los judíos de Catalunya e incluso con aljamas del resto de Europa. La ciudad cobró fama con el prestigio de sus médicos judíos, conocidos no sólo como buenos físicos sino como gente entendida en la vida comercial y en la actividad prestamista. De hecho, en Besalú la medicina fue una profesión característica como se desprende de una lista de judíos que la ejercieron a lo largo del siglo XIV y cuya reputación traspasó fronteras.

Esta época de bienestar y progreso duró apenas cincuenta años. Las persecuciones de 1391 marcan el inicio de la decadencia de los judíos en Cataluña. Algunas comunidades sobrevivieron a las matanzas y destrozos de las juderías, pero nunca más no volvieron a ser lo que eran. En Besalú no se encuentra ningún indicio de la matanza de 1391. Pero sin embargo, se inicia una época de intranquilidad que hace disminuir el número de hebreos que viven en Besalú.

Los judíos de Besalú no viven separados del resto de la población hasta 1415. Ese año, la bula Etsi doctores gentium del anti-papa Benedicto XIII apartó completamente a los judíos, ya que les obligó a residir en la judería. Es en octubre de ese año cuando se crea el call en torno a la sinagoga, en la zona donde tradicionalmente se habían asentado la mayoría de judíos, pero no necesariamente todos. Por ello, antes de esa fecha, se encuentran judíos viviendo en diferentes calles del casco antiguo de Besalú, en Portal de Bell·lloc, en la Calle del Puente, en la Calle del Forn, en la Plaza Major, en la Calle Rocafort, etcétera. Tras la llegada de la bula papal, se dio una semana para trasladarse al nuevo recinto, tiempo que se prorrogó ocho días más.A partir de 1436, la presencia judía languideció hasta desaparecer. Fue el golpe de gracia, ya que la comunidad hebrea se extinguió completamente dos décadas después. Sólo unas cuantas familias se quedaron hasta el final, como la Des Catllar, la Carcassona o la Belshom Ceravita. Otras comenzaron su emigración a otras juderías como Granollers, Caldes de Montbui o Castelló d’Empúries.

Calle de Rocafort

El portal de Rocafort , en el extremo del barrio judío y de la ciudad amurallada

La calle Rocafort se despliega a lo largo de la muralla que separaba el castillo condal de la judería, protegida a sus pies. Entre las casas y la muralla se forma un estrecho callejón de piedra lleno de resonancias medievales, que desemboca en el portal de Rocafort, en el extremo del barrio judío y de la ciudad amurallada.

Desde aquí se puede disfrutar de unas nuevas vistas del puente románico, desde un ángulo completamente distinto al de la sinagoga, y apreciar con nitidez el torreón fiscal y la estructura monumental en la que el puente cambia de dirección, aprovechando la base de las grandes piedras del río.

De regreso a la entrada de Besalú por el Pont Vell, las empinadas calles que se cruzan en el recorrido, como la de Abraham des Castllar, enriquecen el paso por una judería donde las transformaciones urbanísticas no han hecho mella en la evocación histórica.

Calle del Pont Vell

El puente románico y la puerta fortificada de acceso a la calle del Pont Vell

Una gran puerta fortificada marca el acceso desde el puente a la ciudad, así como el arranque de la calle del Pont Vell, precisamente en esta zona baja, cercana la río, donde vivieron los judíos de Besalú. Enseguida, a la izquierda, se abre la bajada al Micvé, que conduce hasta la plaza dels Jueus, donde se localizan los restos de la antigua sinagoga y el micvé o baño ritual de los hebreos. Las pequeñas tiendas de recuerdos y objetos artesanales han sustituido hoy con su sabor el bullicio de aquel barrio judío donde sus vecinos practicaron muchos de los oficios imprescindibles para el desarrollo de la vida cotidiana en la ciudad, en un entorno de casas cuidadas con primor y llenas de sabor popular.

Cementerio Judío

Sant Miquel de Capellada desde el Puente románico

En la zona de Les Arrals o de Les Forques, a la izquierda de la carretera de Banyoles en dirección a Besalú, y más concretamente en la zona boscosa conocida como el Campanar se ha delimitado documentalmente un área muy amplia donde podría haber estado situado el cementerio judío.

Manuel Montserrat i Grau pensó, en un principio, que en Besalú hubo dos cementerios judíos, uno en las cercanías de la parroquia de Sant Vicenç, denominado Montjuïc y utilizado en los siglos XIV y XV, y el otro, ubicado en la Campanyà, junto a la parroquia de Sant Martí de Capellada, documentado alrededor de 1369. Más tarde él mismo rectificó al darse cuenta que las denominaciones topográficas que se utilizaban en la documentación para referirse al fossar de los judíos (Campanyà, Reial, Montjuïc) se referían a un mismo lugar.

La zona del cementerio judío no ha sido todavía intervenida arqueológicamente.

El cementerio

El cementerio se ubicaba extramuros, a cierta distancia del barrio judío. El terreno elegido:

  • Tenía que ser tierra virgen
  • Estar en pendiente
  • Estar orientado hacia Jerusalén

La judería debía tener un acceso directo al cementerio para evitar que los entierros tuviesen que discurrir por el interior de la ciudad.

Los reyes autorizaron después de 1492 (en Barcelona en 1391), que las piedras de los cementerios judíos pudieran ser reaprovechadas como material de construcción. Así, no es extraño encontrar fragmentos de inscripciones hebreas en varias construcciones posteriores.

A pesar del expolio que sufrieron desde finales del siglo XIV, la memoria de estos cementerios ha perdurado como nombre en determinados lugares, por ejemplo, Montjuïc en Barcelona o Girona. Sabemos de la existencia de más de veinte cementerios judíos medievales. Otros sólo se conocen o bien por la documentación o bien por las lápidas conservadas. El de Barcelona, en Montjuïc, fue excavado en el año 1945 y 2000, el de Sevilla en 2004, el de Toledo en 2009 y el de Ávila en 2012.

El call de Besalú

Vista aérea del la zona del call de Besalú

Los judíos se instalaron en el condado de Besalú a partir del siglo IX, pero no encontramos documentación escrita hasta el siglo XIII. La noticia más antigua fecha de 1229, cuando el rey Jaime I el Conquistador les limitó el préstamo. A partir de este momento, encontramos referencias continuas de los judíos de Besalú, de la sinagoga, de los alcaldes y los funcionarios judíos.

La comunidad judía de Besalú estuvo vinculada entre 1300 y 1342 a la colecta de Girona.Tras conseguir convertirse en colecta independiente, gracias al privilegio del rey Pedro IV, la judería de Besalú tuvo su período de máximo esplendor entre 1342 y 1391, cuando constituyó su propia colecta junto con Banyoles, Figueres, Camprodón, Olot y Sant Llorenç de la Muga.Aunque aquí no existen referencias sobre las matanzas del año 1391, lo cierto es que a partir de esta fecha la judería de la ciudad cayó en franca decadencia, alternándose las conversiones con el exilio, primero a otras poblaciones catalanas, como Granollers o Castelló d´Empúries, y después a Francia. La célebre bula de Benedicto XIII de 1415, que establecía la obligación del apartamiento de los judíos en barrios cerrados, contribuyó a empeorar aún más la situación. No hubo que esperar al decreto de expulsión de los Reyes Católicos, ya que en 1436 no quedaban oficialmente judíos en Besalú. Entre las familias que se quedaron hasta el final figuran los nombres de los Des Castllar, Carcassona o Belshom Ceravita.

Médicos judíos

Los judíos tenían prohibido ejercer la medicina con pacientes cristianos, pero la lista de judíos calificados de médico, físico o alfaquí es interminable en los documentos de época medieval: Durante el período 1350-1391 hay recogidos 141 nombres. En cambio, se sabe muy poco de su actividad.

A principios del siglo XIV, el médico Jafudá ben Astrug Bonsenyor cobró la traducción de un tratado ¿quirúrgico? que no se ha conservado y en Besalú vivió Abraham des Castlar o Caslarí (1325-1249), autor de varios tratados médicos en hebreo sobre las fiebres, la peste y las sangrías.Maimónides (1135–1204), natural de Córdoba, el representante del nivel más alto del pensamiento sefardita de la Edad Media, escribió también diez obras médicas.

Hubo numerosos médicos judíos al servicio de los reyes de Aragón, de Castilla, de Navarra y Portugal, a nobles y al alto clero. Semmuel Abenmenessé fue nombrado en 1279 médico de Pedro III de Aragón; León Mosconi estuvo al servicio de Pedro IV el Ceremonioso. El rabí Nissim Guerondi (Nissim de Gerona) curó al infante Juan, futuro Juan I de Aragón; y Cresques Abnarrabí a Juan II de Aragón.

Cresques Abnarrabí, médico ocular, en una carta suya dirigida a Juan II de Aragón le recuerda la operación con éxito de la catarata del ojo derecho. Le escribe para decirle que no puede fijar la fecha para la intervención del ojo izquierdo porque habrán de pasar más de doce años para que la conjunción de los astros sea tan favorable como en el caso anterior. Con todo, le comunica que:

Jo he mirat en aquest minvant axi com me mana vostra senyoria e lo millor es dimecres XIII de octubre, tres hores a miga apres mitg jorn, e aquesta es la millor de aquesta minva.

Iglesia y Prat de Sant Pere

Fiesta Medieval en el Prat de Sant Pere con la iglesia de Sant Pere al fondo

En una zona ya fuera del ámbito de influencia judío se encuentra el antiguo hospital benedictino de Sant Julià, del siglo XII, con una bella portada románica, hoy reconvertido en centro cultural, y, sobre todo, por la espléndida iglesia de Sant Pere, que formaba parte del antiguo monasterio benedictino fundado en el 977 por el conde-obispo Miró.

Consagrada en 1003 por Bernat I, la iglesia es una verdadera joya esencialmente románica, con su deambulatorio, sus sepulturas abaciales de los siglos XVI al XVIII y su campanario barroco, custodiada por dos magníficos leones, símbolo de la fortaleza de la Iglesia, en lo alto de su puerta principal.

En la misma plaza del Prat de Sant Pere se levanta la casa Cornellà, un bello edificio románico civil de finales del siglo XII que conserva los establos y las dependencias del servicio en la planta baja, y en la planta noble, alrededor de una magnífica galería de arcos de medio punto, la vivienda de los Cornellà, que posteriormente fue de la familia Llaudes y actualmente pertenece a los Solà-Morales.

Mezuzá de la casa de Astruc David/Cúria Reial

La puerta en la que se encuentra la mezuzá

Del Portalet surge a la derecha una evocadora calle empedrada con un arco y unas escaleras, y a la izquierda se abre la calle del Portalet, que conduce hasta la Cúria Reial, un magnífico edificio medieval que fue casa del poderoso judío Astruc David, quien lo vendió en el año 1362 al procurador del rey Bernat Cavallé. En uno de los grandes portales de este inmueble que fue sede de la Veguería, Palacio de Justicia y Corte Real, todavía puede apreciarse el hueco de la mezuzá que atestigua el origen judío de la vivienda.

En el interior destaca el gran salón gótico del palacio, que muestra unos bellos arcos ojivales. En la planta baja se ha habilitado una sala en la que se proyecta habitualmente un audiovisual que ayuda a comprender mejor la rica historia de Besalú y de su condado.

La mezuzá

La Biblia ordena dos veces a los judíos (Deuteronomio. 6:9 y 11:20):

Y las escribirás [las palabras de Dios] en las jambas de las puertas de tu casa y en los portales de la ciudad.

La palabra hebrea para jamba, mezuzá, ha pasado a ser el nombre del objeto mismo, la mezuzá, un rectángulo de pergamino en el que están inscritos los pasajes bíblicos relevantes de Deuteronomio, 6:4-9 y 11:13-21.

En su reverso aparece la palabra SHADAI, uno de los Nombres de Dios y acrónimo de Shomer Dlatot Israel (protector de las puertas de Israel).

El pergamino está enrollado y colocado diagonalmente en los dinteles de las casas, para tener siempre presente la Palabra y Ley divinas. Para proteger el pergamino, se coloca en una ranura, de forma rectangular y redondeada, dispuesta verticalmente en la jamba derecha de las puertas, y se cubre con vidrio o se coloca en una caja de diferentes formas y materiales.

Mezuzá en Pont Vell, 5

Detalle de la mezuzá en la entrada del número 5 de la calle Pont Vell

Que esta zona de entrada a Besalú a través del Pont Vell era donde vivían los judíos de Besalú lo acredita el número 5 de la calle Pont Vell (marcado en el azulejo con el 9) con un hueco de la mezuzá que se conserva en la jamba de la puerta de acceso al inmueble.

La mezuzá

La Biblia ordena dos veces a los judíos (Deuteronomio. 6:9 y 11:20):

Y las escribirás [las palabras de Dios] en las jambas de las puertas de tu casa y en los portales de la ciudad.

La palabra hebrea para jamba, mezuzá, ha pasado a ser el nombre del objeto mismo, la mezuzá, un rectángulo de pergamino en el que están inscritos los pasajes bíblicos relevantes de Deuteronomio, 6:4-9 y 11:13-21.

En su reverso aparece la palabra SHADAI, uno de los Nombres de Dios y acrónimo de Shomer Dlatot Israel (protector de las puertas de Israel).

El pergamino está enrollado y colocado diagonalmente en los dinteles de las casas, para tener siempre presente la Palabra y Ley divinas. Para proteger el pergamino, se coloca en una ranura, de forma rectangular y redondeada, dispuesta verticalmente en la jamba derecha de las puertas, y se cubre con vidrio o se coloca en una caja de diferentes formas y materiales.

Mezuzá en la calle del Portalet

La mezuzá

La calle del Portalet es una evocadora calle empedrada con un arco y unas escaleras en la que se puede encontrar otra mezuzá de una de las puertas de la calle.

La mezuzá

La Biblia ordena dos veces a los judíos (Deuteronomio. 6:9 y 11:20):

Y las escribirás [las palabras de Dios] en las jambas de las puertas de tu casa y en los portales de la ciudad.

La palabra hebrea para jamba, mezuzá, ha pasado a ser el nombre del objeto mismo, la mezuzá, un rectángulo de pergamino en el que están inscritos los pasajes bíblicos relevantes de Deuteronomio, 6:4-9 y 11:13-21.

En su reverso aparece la palabra SHADAI, uno de los Nombres de Dios y acrónimo de Shomer Dlatot Israel (protector de las puertas de Israel).

El pergamino está enrollado y colocado diagonalmente en los dinteles de las casas, para tener siempre presente la Palabra y Ley divinas. Para proteger el pergamino, se coloca en una ranura, de forma rectangular y redondeada, dispuesta verticalmente en la jamba derecha de las puertas, y se cubre con vidrio o se coloca en una caja de diferentes formas y materiales.

Miqvé

El miqvé de Besalú

Conectado con la sinagoga, el micvé es la verdadera joya de la ciudad. Su hallazgo, sin embargo, fue puramente casual: en el transcurso de las obras de perforación de un pozo par la captación de agua en este lugar, en 1964, un vecino de Besalú, Esteve Arboix encontró la bóveda de piedra, y enseguida descubrió el resto de una construcción rellena de tierra procedente de distintas inundaciones del río a lo largo del tiempo.

Los estudios del padre Nolasc del Molar y la posterior vista de los rabinos de París y Perpinán, asesorados por el de Marsella, determinaron la catalogación del micvé como uno de los más relevantes de Europa.

El micvé de Besalú es una construcción románica del siglo XII aneja a la sinagoga, con 36 escalones que descienden desde la plaza pública hasta el lugar de captación de las aguas corrientes, y su estado de conservación, gracias a las cualidades de las arenas del río que lo cubrieron durante años, es excelente; en el tercero de los peldaños de acceso a la piscina se aprecia todavía el orificio que servía para controlar el nivel del agua, ya que la filtración se producía de manera natural. En diferentes momentos del año se muestra lleno de agua e iluminado, lo que le proporciona un aspecto aún más impresionante.

Aunque los usuarios más comunes del baño ritual eran las mujeres casadas, después del período también recurrían a la purificación del micvé las recién alumbradas, los hombres muy religiosos cada viernes, antes de la celebración del shabbat, aquellos que habían tenido que entrar en contacto con un muerto durante una ceremonia funeraria, o quienes querían convertirse al judaísmo. En algunos casos se recomendaba una inmersión en el micvé de objetos relacionados con la alimentación (unos cubiertos o una vajilla) que hubieran sido fabricados por alguien no judío, y en general todo aquello que se considerase impuro y que se quisiera pasar por las aguas sagradas.

El miqvé, el baño de purificación judío

El micvé, el baño de purificación judío, es un edificio esencial en cualquier comunidad judía. Su funcionalidad es la purificación espiritual a través de la inmersión total del cuerpo en el agua y por eso acompaña a los actos más importantes de la vida de un judío. La mujer judía se purifica después de la menstruación, cuando ha de tener un hijo y cuando ya lo ha tenido y, tanto el novio como la novia, justo antes de la boda. Los conversos al judaísmo deben sumergirse en el baño y también las personas que hayan estado en contacto con impurezas o enfermedades contagiosas.

La persona ha de estar preparada para el acto de purificación. Previamente se ha de haber lavado y peinado para que el agua la impregne totalmente. La inmersión se realiza tres veces para asegurar este hecho. Los hombres suelen purificarse el viernes antes de la puesta del sol, ante la entrada al Shabat o día dedicado a Dios.

Plaza de la Llibertat

Soportal porticado en la Plaza de la Llibertat

Desde la plaza, la calle Canó, flanqueada por unas magníficas casas palaciegas, conduce hasta la plaza Mayor o plaza de la Llibertat, en un entorno histórico donde los documentos dicen que se dirimían los conflictos entre judíos y cristianos en Besalú. Adoptada su actual estructura porticada en el siglo XVI, desde mucho antes la plaza fue un verdadero cruce de caminos en las rutas que unían Olot, Figueres y Girona.

Portal de la Força

El portal de la Força

Desde la plaza de la Llibertat, la calle del Compte Tallaferro, que recuerda el sobrenombre de Bernardo I, considerado el titular más relevante del condado de Besalú en su historia, se bifurca en el cambio de nivel. El recorrido principal a la izquierda, asciende hacia el portal de la Força, o de la fortaleza, que comunicaba la ciudad con el palacio fortificado de los condes, donde actualmente se pueden visitar los restos arqueológicos de distintas construcciones que se levantaron en este entorno, y que marca de nuevo uno de los límites del call.

Portal dels Jueus

El portal dels Jueus, recientemente restituido

Desde la plataforma donde se sitúan la sinagoga y la puerta de acceso al micvé, unas escaleras descienden hacia el reconstruido portal dels Jueus, que conecta el paseo fluvial de Besalú con la judería. El paseo conduce extramuros, siempre al abrigo de la muralla, hasta el Portalet, donde se recuerda la existencia de un portal en el siglo XIV, también conocido como Portal d´en Closes y Portal de los Cortadores.

Puente románico

El Puente románico

Fechado en el siglo XI, con constantes restauraciones a través de los siglos, el puente románico de Besalú constituye una verdadera portería de la ciudad, con un amplio espacio de aparcamiento en su arranque, un centro de recepción y la posibilidad de adentrarse a pie en un núcleo que conserva milagrosamente sus principales trazas medievales.

Para poder pasar el puente, era necesario pagar el impuesto de paso o pontazgo al otro lado de la torre que marca el ángulo del puente y que controlaba la entrada en la ciudad.

Se trata de un puente de siete arcadas trazado formando un ángulo, de acuerdo con las posibilidades de apoyo de las grandes piedras del río.

Símbolo de la ciudad, durante la guerra civil española fue dinamitado y reconstruido posteriormente por el arquitecto Pons Sorolla.

Vestigios de la sinagoga

Los vestigios de la sinagoga en el Pla dels Jueus

La sinagoga de Besalú de la que únicamente se conservan parte del muro y de las puertas de las salas de oración para hombres y mujeres, surge a partir del real privilegio de Jaime I el Conquistador para que la aljama tenga en la ciudad su schola judeorum en 1264. El edificio, del siglo XIII, se levantó junto a la muralla, en una zona de especial poblamiento judío, ya que el call, como tal, no existió hasta el apartamiento de 1415; hasta entonces se localizaban casas de hebreos en diferentes puntos de la ciudad.

El conjunto, que también forma parte de la recuperada plaza dels Jueus, estuvo durante siglos abandonado, y en la actualidad, tras la consolidación de los restos, se ha transformado en un nuevo espacio habilitado como centro de interpretación del Call.

Diferentes documentos medievales, entre los siglos XIII y XV, hablan de varias donaciones a esta sinagoga, que ya estaba en desuso antes de la partida, en 1436, de los últimos judíos que quedaron en Besalú.

Según la tradición judaica, Moisés recibió los cinco libros del Pentateuco que componen la Torá o Ley de manos de Dios en el monte Sinaí, y a partir de ese momento su estudio, además de un deber de todo judío, suponde más que un ejercicio intelectual una verdadera experiencia religiosa. Los judíos practicaban la lectura de la Torá en la sinagoga al menos cuatro veces por semana: los sábados (shabbat) por la mañana y por la tarde y las mañanas de los lunes y los jueves, también se leía con intensidad durante los ayunos o en las fiestas de Janucá, Purim y Yom Kippur.

En la plaza, junto a la sinagoga de Besalú, con unas espléndidas vistas al río y al puente románico, una placa, colocada en 1992, recuerda la labor a favor de la recuperación del pasado judío de la ciudad del doctor Manuel Grau i Montserrat.

La sinagoga

La sinagoga (lugar de reunión, en griego) es el templo judío. Está orientada hacia Jerusalén, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas, la oración comunal, el estudio y el encuentro.

En las ceremonias se lee la Torá. El oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen o niño cantor. La sinagoga no es sólo casa de oración, sino también centro de instrucción, ya que en ellas suelen funcionar las escuelas talmúdicas.

Los hombres y las mujeres de época medieval, y también hoy en día, se sientan en zonas separadas.

En el interior de la sinagoga se encuentra:

  1. El Hejal, armario situado en el muro este, orientado hacia Jerusalén, en su interior se guarda el SeferTorá, los rollos de la Torá, la ley sagrada judía.
  2. El Ner Tamid, la llama perpetua siempre encendida ante el Hejal.
  3. La menorá, candelabro de siete brazos, signo habitual en el culto.
  4. La Bimá, lugar desde donde se lee la Torá.

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