Los romanos fueron quienes fundaron la colonia de Dertosa hacia mediados del siglo I a.C. con la instalación en este territorio de un contingente de legionarios que obtuvieron sus títulos de propiedad tras la victoria de Julio César en Ilerda (Lleida). Tortosa, la Dertosa romana, fue siempre enclave principal en el curso bajo del río Ebro y en la falda de la colina creció la ciudad. Sus puertos fluvial y marítimo, siempre entre los más importantes del Mediterráneo occidental, estuvieron ya en el siglo VI gestionados a través de las negociaciones de los judíos, a los que el papa denominaba por entonces transmarini negotiatores. Era natural que, debido a su estratégica situación geográfica, Tortosa estuviera destinada a ser emporio de riqueza y prosperidad y que este centro atrajera muy pronto a otras gentes. La amplia romanización de la ciudad permitió que los visigodos, llegados en el siglo VI, respetaran la lengua y la organización de la antigua colonia hasta la conquista musulmana.

circa -45
Fundación de Dertosa (Tortosa)

Los romanos fueron quienes fundaron la colonia de Dertosa hacia mediados del siglo I a.C. con la instalación en este territorio de un contingente de legionarios que obtuvieron sus títulos de propiedad tras la victoria de Julio César en Ilerda (Lleida). Tortosa, la Dertosa romana, fue siempre enclave principal en el curso bajo del río Ebro y en la falda de la colina creció la ciudad.

circa 500
Establecimiento de los Visigodos en Tortosa

La amplia romanización de la ciudad permitió que los visigodos, llegados en el siglo VI, respetaran la lengua y la organización de la antigua colonia hasta la conquista musulmana.

circa 500
Lápida trilingüe

La lápida trilingüe

Una de la joyas más importantes de la catedral de Tortosa es sin duda la célebre lápida trilingüe del siglo VI, grabada en hebreo, griego y latín y perteneciente a la tumba de una joven judía llamada Meliosa, hija de Judá y de María, testimonio de la presencia de los hebreos en Tortosa en tiempos de los visigodos. En un muro del claustro de la catedral se encuentra una copia de esta lápida, que además de la inscripción muestra dos estrellas de cinco puntas y un candelabro muy estilizado, y pertenecía a la sepultura de Meliosa, o Eulalia, joven judía:

Meliosa, bat Judah, Meliosa, hija de Judá y de María, de dolorosa memoria.

No es la única piedra sepulcral encontrada en Tortosa. El original se conserva en el Museo Catedralicio.

circa 500
Primer vestigio de presencia judía en Tortosa

Una de la joyas más importantes de la catedral de Tortosa es sin duda la célebre lápida trilingüe del siglo VI, grabada en hebreo, griego y latín y perteneciente a la tumba de una joven judía llamada Meliosa, hija de Judá y de María, testimonio de la presencia de los hebreos en Tortosa en tiempos de los visigodos.

713 - 718
Los sarracenos conquistan Tortosa

Los sarracenos conquistaron la ciudad entre los años 713 y 718. Si los sarracenos obtuvieron ayuda de los judíos del interior para su fácil conquista no lo sabemos, pero pudo ser así, pues el descontento judío con la política visigoda era notable. Ya entonces había judíos organizados en torno al puerto, enrolados en empresas comerciales ultramarinas.

circa 900
Castillo de la Suda

El Castillo de la Suda

Estratégicamente emplazado en el punto más alto de la ciudad, el castillo de la Suda, en el que tuvieron que refugiarse los judíos tortosinos tras el asalto a la judería en 1391, es una espléndida atalaya para apreciar unas magníficas vistas de la ciudad, incluidos sus dos calls, y para entender, desde este punto, su privilegiada posición estratégica como capital del Baix Ebre.

Reconvertido en Parador Nacional de Turismo, el viejo castillo domina majestuosamente esta ciudad bimilenaria que se extiende a ambos lados del padre Ebro, atravesado por los puentes que unen una y otra parte de su tejido urbano. Este castillo se asienta sobre la plataforma natural que fue utilizada en época romana como acrópolis y transformada en fortaleza por Abderramán III; aún se conservan la base y el trazado de las murallas musulmanas. Después pasó a ser prisión y, en tiempos de Jaime I, residencia real. Sufrió fuertes transformaciones en el siglo XV, y un importante deterioro a causa de la guerra civil de 1936-1939.

Catalogada como una de las más importantes aljamas de Sefarad, fundamentalmente debido a la intensa actividad comercial y financiera de algunos de sus miembros más relevantes, la judería tortosina vivió un especial período de esplendor en los siglos XII y XIV, al final del cual las hostilidades desatadas contra los judíos en toda la extensión de los reinos de Castilla y Aragón terminó desembocando en los asaltos de 1391, episodio que aquí no tuvo la fuerza destructiva que en otras aljamas vecinas, como las de Barcelona o Girona, pero que obligó al poder real a desplegar sus fuerzas para proteger a un colectivo que constituía una de las principales garantías financieras de sus campañas militares. El carácter inexpugnable de la Suda permitió que los judíos tortosinos salvaran sus vidas, aunque no que terminaran, después de un largo y doloroso proceso, enfrentándose al dilema de la conversión o la expulsión.

circa 920 - 970
Menahem ben Saruk

Menahem ben Saruq fue un poeta, lexicógrafo y gramático hebreo nacido en Tortosa en el siglo X. De joven se trasladó a Córdoba, y residió allí, bajo el mecenazgo de Ishaq ibn Šaprut y de su hijo Hasday, famoso médico y político judío, del cual fue secretario. Se dedicó a los estudios gramaticales, y redactó el Mahberet, el primer léxico bíblico escrito en hebreo y considerado la primera obra de la lingüística hebrea de la Península.

1035
Tortosa se convierte en un reino de Taifa

Frente a otras ciudades catalanas que apenas vivieron la influencia de la dominación musulmana, Tortosa o Turtuxa, como la denominaron los árabes, dependió durante varios siglos del Califato de Córdoba hasta que, tras su ruptura, formó su propio reino de taifa en 1035.

1148
Conquista de Tortosa por Ramón Berenguer IV

La preponderancia judía en Tortosa se resintió más tarde a partir de dos hechos: uno lo fue a corto plazo, relacionado con la decadencia del puerto tortosino y con ello de su dominio comercial fluvial y marítimo. El otro lo fue a más largo plazo y tuvo que ver con la conquista de la ciudad por Ramón Berenguer IV en 1148. Aunque es cierto que la conquista cristiana del poderoso enclave musulmán de Tortosa supuso al principio la afluencia de judíos venidos de otras partes, como Tolosa, la situación y carácter de su presencia ya no fueron lo mismo.

1149
Fundación del Call vell de Tortosa

En 1149, Ramón Berenguer IV, a través de la Carta de franqueses al Jueus de Tortosa, hizo donación a los judíos de las atarazanas andalusíes para la construcción de sesenta viviendas.

1149 - 1492
Call Vell

La calle de la Esplanada en el Call vell

La plaza de la Inmaculada situada a los pies del castillo de la Suda, constituye la puerta de entrada a la judería de Tortosa, dividida en dos partes por la calle Major de Remolins, que transcurre en dirección sur-norte y que deja a la izquierda el call vell y a la derecha el call nou. La Judería Vieja surge tras la conquista de la ciudad a los musulmanes por parte del conde Ramón Berenguer IV, en el año 1148, quien donó a los judíos las antiguas atarazanas árabes para la construcción de sesenta viviendas. Durante la dominación musulmana, la condición fronteriza de Turtuxa frente a los reinos cristianos había hecho gozar a la ciudad de una gran prosperidad, en la que participaron de manera notable los judíos.

Los judíos vivían intramuros de la ciudad ya en tiempos de ocupación islámica de Tortosa, situación que no cambió tras la conquista cristiana; su recinto iba desde la actual calle Tió Noé hasta el barranco del Célio. Del primitivo Call sólo se conserva el trazado de las calles y el Portal de los Judíos. Habitaron a un tiro de piedra de la zona de mayor actividad comercial, junto al puerto, como correspondía a los llamados transmarini negotiatores o animadores del comercio ultramarino a través de un importante entramado de familias e intereses hebreos, infraestructura propia de su singular diáspora. La actividad comercial supuso para los judíos tortosinos una fuente de riqueza, de ocupación e influencia. No sólo se ocupaban de las transacciones con el exterior lejano, tanto en el comercio del oro como en el de esclavos y prisioneros de guerra: parece que a modo de tratantes de ganado se canalizó desde Tortosa un flujo importante de estos desgraciados, tarea encomendada a los judíos por su conocimiento médico, sobre todo en lo relacionado con la adjudicación de eunucos, esclavos convertidos en tales por el médicos judíos encargados de la castración del personal masculino destinado a los harenes.

La calle de la Esplanada inicia el recorrido por la Judería Vieja que, tras dejar a la izquierda la travesía d´en Fortó, desemboca en la calle de Jaume Tió Noé, que establece el limite sur del barrio. En el cruce de ambas calles, el arco de paso de la calle de la Esplanada constituye una de las entradas tradicionales al barrio judío.

circa 1230 - 1492
Call Nou

La Calle de Gentildones

En la Turtuxa musulmana, no se habló de judería ni aljama ni siquiera de call propiamente dicho. Los judíos habían habitado zonas anexas al puerto no por obligación sino por comodidad y conveniencia. Ahora se ponía la base de un barrio propiamente judío, situación que si bien fue inicialmente favorable para sus intereses, se probó perjudicial cuando, por presiones de naturaleza ajena a la vida tortosí, los judíos de otras ciudades y regiones de España buscaron asentamiento en el call de Tortosa ante en avance almorávide, haciendo que sus precintos originarios se vieran continuamente rebasados. A principios del siglo XIII, Pedro I permitía ampliarlo en dirección a la Bassa del Castell, lo que solucionó las necesidades de espacio sólo momentáneamente.

La judería nueva fue una concesión hecha a los judíos por el Temple en el primer tercio del siglo XIII mediante carta de franquicias otorgada por Ramón de Montcada y los frailes del Temple a veinticinco familias judías. Era necesario organizar una judería nueva. Ahora la comunidad judía adquiría carácter como tal y se ponía bajo el mando de un adelantat, figura que representaba a los judíos política y administrativamente. Esta figura representativa con poderes ejecutivos se ayudaba en su gestión de jueces o dayanim propios que entendieran en las causas de los judíos, que conocían la ley rabínica; contaba además con tesoreros, oficiales de tasas, limosneros y notario, todo en torno al consejo de ancianos. La sinagoga, ubicada posiblemente en la calle Jerusalem, junto a las calles Benifallet y Jaume Tió, era el centro de la vida comunitaria. El status judío de siervos del rey o serui regis, hacía de ellos, al menos administrativamente, una figura político-social intermedia entre el ciudadano libre y el siervo.

La Calle Mayor o Carrer Major en pleno barrio de Remolins, dividía antaño la judería vieja de la nueva. Caminando por la travesía Vandellós se llega a uno de los vestigios arquitectónicos únicos que queda de aquel tiempo lejano: un portal que da acceso al desaparecido cementerio, y entrada a la nueva judería entre un laberinto de callejones, plazuelas y calles zigzagueantes que en su conjunto se resuelve en una línea curva o quebrada exceptuando la larga calle de Vilanova. El aire recuerda la proximidad del río mientras los tonos ocres y amarillos de las paredes de sus casas traen al ánimo del caminante ráfagas y voces, estampas difuminadas de leyendas e historias conforme se va llegando a la plaza de La Figuereta o la de Platger, con sus brocales y pozos.

circa de de 1230
Fundación del Call nou de Tortosa

La judería nueva fue una concesión hecha a los judíos por el Temple en el primer tercio del siglo XIII mediante carta de franquicias otorgada por Ramón de Montcada y los frailes del Temple a veinticinco familias judías. Era necesario organizar una judería nueva. Ahora la comunidad judía adquiría carácter como tal y se ponía bajo el mando de un adelantat, figura que representaba a los judíos política y administrativamente. Esta figura representativa con poderes ejecutivos se ayudaba en su gestión de jueces o dayanim propios que entendieran en las causas de los judíos, que conocían la ley rabínica; contaba además con tesoreros, oficiales de tasas, limosneros y notario, todo en torno al consejo de ancianos. La sinagoga, ubicada posiblemente en la calle Jerusalem, junto a las calles Benifallet y Jaume Tió, era el centro de la vida comunitaria.

1231
Los judíos de Barcelona, Girona y Tortosa ayudan a Jaime I a conquistar el Condado de Urgell

Cuando Jaime I necesitó dinero para conquistar el condado de Urgell, el esfuerzo económico fue llevado por los judíos tortosinos, junto con los de Gerona y Barcelona, que recaudaron la cifra de ciento quince mil libras.

1262
Jaime I nombra bayle de Tortosa a Astruc Yacob Xixó

Jaime I hizo bayle de la ciudad al judío Astruc Yacob Xixó en 1262 y confirmado vitaliciamente dos años más tarde en un momento en el que el call tortosino era acaso el más próspero de la Corona de Aragón.

1272
Llibre de Costums de Tortosa

corpus que recogía las normas de conducta y conviviencia de una población abigarrada. El cúmulo de disposiciones y particularismos legales presentados en el Llibre hacían complicada la existencia en la judería y suponían encontronazos con la población cristiana.

circa de de 1300
Construcción de la sinagoga de Tortosa

La calle Jerusalem constituye uno de los ejes del viejo barrio judío, localizándose de manera hipotética a partir de las fuentes documentales en la esquina que forma con la calle d´en Fortó la antigua sinagoga de la comunidad en el siglo XIV, que debió de estar acompañada, en dependencias anejas, de la escuela talmúdica y el baño ritual o micvé .

1323
Los judíos de Tortosa arman dos naves para la toma de Cerdeña

Cuando el hijo y sucesor de Jaime II, el infante Alfonso, armó una flota en 1323 para conquistar Cerdeña, la comunidad judía de Tortosa contribuyó armando dos naves a su costa, servicio que le valió a la comunidad una exención de impuestos reales durante dos años.

1347 - 1353
La Peste Negra

circa de de 1350
Pedro IV levanta la muralla en la judería de Tortosa

Muy cerca de la sinagoga del call nou estuvo el portal de Vimpeçol, que jalonaba el camino a Zaragoza, que nacía al otro lado de la muralla que mandó construir Pedro IV en el siglo XIV, para proteger a la ciudad y a los judíos en el marco de la guerra con Castilla. El recorrido del nuevo espacio amurallado, que coexistió con los muros del anterior recinto, se sigue con facilidad por el camino de ronda que forma la travesia del Mur, donde se recuerdan estas fortificaciones que desaparecieron en buena parte con la expansión urbanística del siglo XIX. En el sentido contrario, hacia el oeste, las murallas continuaban hasta la torre Rodona, en las orillas del Ebro.

1391
Los judíos de Tortosa han de refugiarse en el Castillo de la Suda

Catalogada como una de las más importantes aljamas de Sefarad, fundamentalmente debido a la intensa actividad comercial y financiera de algunos de sus miembros más relevantes, la judería tortosina vivió un especial período de esplendor en los siglos XII y XIV, al final del cual las hostilidades desatadas contra los judíos en toda la extensión de los reinos de Castilla y Aragón terminó desembocando en los asaltos de 1391, episodio que aquí no tuvo la fuerza destructiva que en otras aljamas vecinas, como las de Barcelona o Girona, pero que obligó al poder real a desplegar sus fuerzas para proteger a un colectivo que constituía una de las principales garantías financieras de sus campañas militares. El carácter inexpugnable de la Suda permitió que los judíos tortosinos salvaran sus vidas, aunque no que terminaran, después de un largo y doloroso proceso, enfrentándose al dilema de la conversión o la expulsión.

13 de Febrero de 1413 - 13 de Noviembre de 1414
La Disputa de Tortosa

Convocada por Benedicto XIII, el célebre Papa Luna, la Disputa de Tortosa fue en realidad una iniciativa personal de su médico personal, el conversoJerónimo de Santa Fe (Josué ha-Lorquí antes de la conversión), para debatir con los rabinos judíos sobre la llegada del Mesías y, por lo tanto, sobre el sentido de seguir manteniendo la tradición judía frente a la cristiana. Iniciada el 13 de febrero de 1413 y prolongada a lo largo de cerca de ochenta sesiones públicas presididas por el Papa, hasta el 13 de noviembre de 1414, la Disputa convocó en la ciudad a veintiséis rabinos de la Corona de Aragón, de los cuales la mayor parte (catorce según unas fuentes y todos menos dos según otras) terminaron abjurando de su fe.

De la disputa se conservan las actas y una relación breve de Bonastruc Desmaestre. La lengua empleada en la Disputa parece que fue el aragonés y utilizaron como minuta veinticuatro tesis redactadas por Jerónimo de Santa Fe. Se trataba de probar que los escritos judíos avalaban la venida del Mesías y perfilaban su personalidad y su obra. Las siete últimas sesiones se dedicaron a criticar los «errores» del Talmud. Desde su posición de fuerza, la parte cristiana obligó a los rabinos a confesar por escrito que no tenían argumentos para contradecir las tesis presentadas.

La Disputa de Tortosa, además del descrédito de los rabinos y de numerosos bautismos de judíos, acentuó el tópico de la «ceguera» de los judíos y dio pie a la publicación de la bula Etsi doctores gentium en 1415, máximo exponente de la represión judía medieval, que recortaba sus libertades. Había sido un acontecimiento tan largo como sonado: durante casi dos años y cerca de ochenta sesiones la ciudad estuvo pendiente de lo que en su pro y en su contra se decía y aireaba en la catedral por los rabinos y los teólogos; el pueblo lógicamente tomaba las cosas a la tremenda, veía en aquellas reuniones polémicas la dura cerviz, del pueblo judío, sintagma evangélico que se les aplicaba: eran tesoneros, pertinaces, no daban sus brazos a torcer..., aunque lo mismo pudo haberse dicho del Papa Luna, el que se mantuvo siempre en sus trece y no quiso nunca abandonar su dignidad pontificia aunque se hundiera el cielo. La Disputa famosa acabó prácticamente con la judería en un momento en el que todavía podían oírse los ecos de las persecuciones y matanzas del año 1391. Por aquí pasaron y por aquí se fueron los que no aceptaron el agua del bautismo; siguieron para ello el curso del Ebro, y desde Port Fangós buscaron refugio en Barcelona, desde donde otearon otros lugares en el Mediterráneo, acaso más seguros.

1415
Bula papal Etsi doctores gentium

La Disputa de Tortosa, además del descrédito de los rabinos y de numerosos bautismos de judíos, acentuó el tópico de la «ceguera» de los judíos y dio pie a la publicación de la bula Etsi doctores gentium en 1415, máximo exponente de la represión judía medieval, que recortaba sus libertades.

1999
Caxixa y Bonjuà

Los Gigantes, Caxixa y Bonjuà

Cuando en 1999, entre otras iniciativas tendientes a conmemorar la concesión de la carta de población cristiana y de las de seguridad judía y sarracena, se materializó una idea feliz: evocar de manera plástica el recuerdo de la milenaria presencia judía tortosina creando una pareja de gigantes judíos cuyos nombres, Caxixa y Bonjuà, se corresponden con los de un matrimonio que, según la leyenda, en 1391 aguantó todo tipo de presiones y se mantuvo en su fe. Ellos ponen ahora en el ánimo la nota alegre, la aspiración honrosa, el recuerdo de que en el engrandecimiento de Tortosa tuvo parte fundamental la azacaneada mesnada del pueblo de Israel, vecinos de la hermosa ciudad del Ebro desde la romanización de la Península Ibérica, dos mil años atrás. los gigantes judíos pueden verse en la Llotja.

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