La Judería de Sevilla comprendía los actuales barrios de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé, y estaba separada del resto de la ciudad por una muralla, que bajaba desde el comienzo de la calle Conde Ibarra, pasando por la Plaza de las Mercedarias, hasta la muralla de la ciudad. En general, los historiadores están de acuerdo en reconocer que desde los tiempos más remotos los hijos de Israel establecieron relaciones comerciales con las tribus ibéricas. Desde entonces, los navíos hebreos comenzaron a llegar a la famosa Tarsis, es decir, a la magnífica región española que debe su nombre al Tartesio o Guadalquivir.

Es posible que la judería de Sevilla haya sido, si no la más antigua, sí una de las más antiguas de España. Híspalis (Sevilla) era, en efecto, el lugar clave de la Península y Escipión hizo más tarde de ella su capital. Los judíos debieron de sentirse atraídos por la gran ciudad que dio su nombre a toda Hispania. Durante la etapa visigoda la judería sevillana suponemos que tuvo una influencia considerable ya que, dados como eran al comercio y a la industria, debían prosperar allí donde había mayor riqueza y población. Además, Sevilla era la ciudad más poblada de España, la capital intelectual del reino, el centro del catolicismo, la inspiradora de los concilios de Toledo y la capital política desde Teudis hasta Atanagildo. Por tanto, fue allí donde normalmente debieron emplear su actividad y capital.

Durante la conquista de España por los árabes, los judíos que habían contribuido a la invasión fueron respetados y tratados con generosidad por los musulmanes y se establecieron en todas las ciudades tomadas, gozando de gran influencia en la nueva sociedad, gracias en parte a su importancia financiera. La judería sevillana era una de las más numerosas y sin duda la más laboriosa de todas. Por aquel entonces, Sevilla no solamente destacaba por sus relaciones comerciales facilitadas por la importancia de su río, sino también por sus escuelas de medicina, donde venían a estudiar los principales médicos de España, incluso los de Córdoba, como el gran Averroes; sobresalía además por su gran movimiento filosófico, que se había separado de la ortodoxia coránica y atraía a los más ilustres pensadores, como Tufail, quizá el más original de los filósofos españoles, y finalmente por sus artes, ya que según un proverbio bien conocido en aquella época, cuando un músico moría sus instrumentos eran vendidos en Sevilla. La prosperidad de que disfrutaba la ciudad nos permite creer que su extensa judería debía ir a la par.

Los judíos fueron la minoría más numerosa e importante de la Sevilla bajomedieval. Antes de la conquista cristiana, en 1248, es probable que la Judería se despoblara a mediados del siglo XII a causa de la invasión almohade, que expulsó a los cristianos y judíos de sus territorios.Lo que es seguro es que la mayoría de los judíos que se establecieron en Sevilla con la conquista procedieran de Toledo, en un movimiento de reflujo de los que en el siglo XII habían huido desde Andalucía hasta Castilla huyendo de la persecución almohade. Ello no significa, de todos modos, que no hubiera judíos en la Sevilla almohade. Alfonso X donó al rabí Yuçaf Cabaçay, su judío, una tienda en Sevilla, ante la iglesia de Santa María, y detrás de las tiendas de los judíos cambiadores, una tienda judía así commo la ouo en tiempos de moros.

El marco jurídico de su vida colectiva era semejante al de los mudéjares: los reyes protegían la práctica de su religión, les permitían tener jueces propios para casos civiles internos, y les cobraban algunos tributos especiales. Pero la vida de la judería sevillana fue mucho más brillante que la de los mudéjares, al menos hasta finales del siglo XIV. Ante todo porque fue la segunda comunidad hebrea del reino, después de la toledana, con un máximo de cuatrocientas familias en los mejores momentos del siglo XIV, unas dos mil personas. También, porque hubo en ella un grupo de judíos ricos, almojarifes reales y municipales: nombres como los de Zulema Pintadura y su hijo Zag de la Maleha, almojarifes o tesoreros mayores de Alfonso X, Yuçaf Pichón, que lo fue de Enrique II un siglo más tarde. Yuçaf Leví, sobrino del famoso almojarife de Pedro I, Samuel Leví, o los Aben Pex, desbordan el marco de la historia local. Otras profesiones típicas, más o menos lucrativas fueron las de médico, sastre, tejedor, platero, sedero, algunos mercaderes y artesanos de diverso tipo.

Desde los primeros momentos de la conquista cristiana, los judíos ocuparon en Sevilla un barrio propio, situado prácticamente extramuros, al norte del Alcázar. Sabemos que, en 1252, Alfonso X donó a los judíos tres mezquitas en la Judería, para que las convirtieran en sinagogas. Estas sinagogas se corresponden con tres iglesias actuales: Santa Cruz, San Bartolomé y Santa María la Blanca. El barrio libre que los judíos ocupaban en Sevilla abarcaba una amplia extensión de la ciudad. El muro que lo rodeaba se extendía desde el actual Colegio de San Miguel hasta el centro de la nave derecha de la catedral y, cruzando el lugar ocupado más tarde por el Corral de los olmos, seguía por la Borceguinería hasta la Puerta de Carmona y encajaba en el muro que rodeaba la ciudad hasta el pie de la Torre del oro. Tras la Reconquista, la judería quedó reducida a la parte que describen los autores de los siglos XVI y XVII. La muralla que rodeaba la judería era, por su lado exterior, la de la ciudad pero fuera del recinto destacaba la mole del Alcázar, así como el barrio de la mezquita y una parte de la Borceguinería; la judería quedaba limitada por el muro que, arrancando de la puerta del Alcázar, muy cerca de la calle de la Vida, penetraba en la calle de la Soledad, alcanzaba la zona donde se levanta hoy la iglesia de San Nicolás y corría a lo largo de la calle Toqueros y la del Vidrio para entrar en la de los Tintes por el callejón de Armenta (en otros tiempos de la Rosa) para unirse finalmente con el muro exterior de la Puerta de Carmona.

El barrio judío se comunicaba con el campo y con la ciudad por tres puertas. La que estaba fuera de la ciudad parece ser, según la mayoría de los autores, la actual puerta de la Carne, a la que los árabes llamaban Bab el Chuar o Puerta de la Perlas. La segunda puerta tenía acceso a la calle Mesón del Moro y era de hierro. La tercera, la de San Nicolás, estaba frente a la calle Rodrigo Alfonso. Finalmente, había una puerta pequeña, llamada del Atambor porque por la noche se cerraba a los sones del tambor del cuerpo de guardia. Esta puerta daba a la calle Rodrigo Caro. Las tres puertas se cerraban al toque del ángelus y no se abrían hasta la mañana siguiente.

En cuanto a la puerta que daba al Prado, estaba situada en un barrio que comunicaba con la necrópolis. Alfonso X otorgó a los judíos tres sinagogas, pero los hebreos fueron erigiendo otras nuevas a medida que su prestigio iba en aumento, pues no cesaban de obtener los favores de la Corte. La plaza de la Açuyca o Azueica ocupaba un lugar aparte en la topografía de la judería; situada al final de la calle Archeros, mostraba con orgullo la sinagoga de Santa María la Blanca situada detrás de la Puerta de la Carne.

La aljama sevillana contó con algunos personajes judíos de grandes riquezas y mucha influencia, por lo que sus actividades trascendían, en la mayoría de sus ocasiones, del marco urbano de Sevilla, para desarrollarse a nivel de todo el reino castellano. Algunos de ellos eran grandes científicos, destacando entre sus profesiones la medicina, otros desempeñaban funciones públicas, que les habían sido delegadas por los reyes. Entre ellos podemos destacar los siguientes: Samuel Leví, hombre de confianza del Rey Don Pedro: Tesorero y hombre de confianza del Rey Don Pedro. Samuel Abrabanel, glorioso Juan de Sevilla Ibn Gauison, famoso talmudista Yosef ibn rabía Elazar: Sabio astrónomo Rabí Salomón, árbol de la ciencia: Médico, astrónomo y exegeta de gran mérito que brilló en el siglo XIV. Moshé ibn Zarzal, excelencia en Medicina: Médico de Pedro I. Yusaph Pichón: Nombrado por Enrique II de Trastámara almojarife para la ciudad de Sevilla y su arzobispado, llegando a ser contador mayor del rey.

Los judíos sevillanos tenían sus propias instituciones, al igual que ocurría en las demás aljamas del reino. Su sistema de organización coincidía en muchos puntos con el de los cristianos. Así, la máxima autoridad el Judío Mayor, Viejo o Juez del aljama de los judíos de la muy noble ciudad de Sevilla que la gobernaba ayudado por un consejo de judíos. En lo que se refiere a la religión, los judíos sevillanos procuraron salvaguardar con mayor vehemencia su idiosincrasia. Tenían, por supuesto, sus rabinos, que proveían las necesidades espirituales de la aljama y celebraban el culto en las sinagogas.

Durante el siglo XIII y XIV, los judíos contribuyeron a reactivar la economía sevillana. Muchos de ellos se convirtieron en servidores de la casa real, arrendadores de las rentas de la frontera, que debían recaudar los derechos reales del almojarifazgo de Sevilla por Fernando IV. Durante su reinado, Sevilla se convirtió en el centro del gran comercio internacional. Es muy posible que los hebreos participasen en todas las actividades relacionadas con los intercambios marítimos, aunque a falta de documentos, no se puede afirmar categóricamente.

La influencia de los judíos en la Corte se incrementó cuando Alfonso XI empezó a ejercer el poder de manera efectiva. El rey hizo almojarife mayor a don Yuçaf de Écija, al que nombró su consejero. Este don Yuçaf construyó una sinagoga en Sevilla, en 1343.

También desde el punto de vista institucional, otro hecho que diferenciaba a los judíos de los cristianos eran los tributos especiales que tenían que pagar, tanto al rey, como a la Iglesia. La judería sevillana alcanzó su apogeo bajo el reinado de Pedro I, rey de Castilla desde el 26 de marzo de 1350 hasta su muerte y gran mecenas de la Sevilla judía. Rodeado de gentes que lo traicionaban continuamente, don Pedro otorgó su confianza a su tesorero, Samuel ha-Leví. Don Samuel alcanzó tal poder y prestigio que suscitó la envidia de la corte, quienes lo acusaron ante el rey de haber robado sus rentas. Éste lo mandó prender, llevándolo a Sevilla, en cuyas Atarazanas murió, después de haber sido atormentado, hacia 1361. Le fueron confiscados sus bienes, según se dice, muy cuantiosos, ya que se le encontraron grandes cantidades de oro y plata, y se incautaron sus propiedades en Toledo y Sevilla. Esta decisión de Pedro I se ha explicado no sólo por las acusaciones que le fueron hechas a don Samuel, sino por un deseo de cambiar de política económica, a la vez que con ello se complacía al clero y acaballaba las murmuraciones que mostraban al rey como benefactor de los judíos.

La animadversión hacia la comunidad judía, presente desde hacía un siglo, pero más o menos encubierta, se desató abiertamente en 1354, cuando los judíos sevillanos fueron acusados de profanar la hostia. La peste negra, de 1348, había desatado los ánimos y los judíos sufrieron las consecuencias de los años de depresión tras la epidemia.

Pero la mentalidad antijudía creció tras la subida al trono de la dinastía Trastámara, en cuyo programa de gobierno se hablaba de terminar con el poder que los judíos habían alcanzado en tiempos anteriores, especialmente con Pedro I. Enrique II recibió las quejas de los procuradores castellanos contra los judíos en las Cortes de Burgos de 1367, en las que se solicitó al rey la reducción y el aplazamiento del plazo de pago de las deudas contraídas con el judíos, la incautación de los castillos y fortalezas que poseían los judíos y el apartamiento de las comunidades hebreas en barrios cerrados. El rey redujo los pagos de deudas en una tercera parte y aplazó el pago dos años, aceptó la incautación de fortalezas, si de ello no viniese algún deservicio, y rechazó el apartamiento argumentando que non es razón de lo facer, ca se destruirían los Judíos.

De una manera parecida se expresaron los jurados sevillanos en sus peticiones al rey en 1371. El rey otorgó a los jurados privilegios, para evitar que se sintieran postergados por los regidores y legisló contra los edificios construidos por cristianos junto a la cerca de la Judería, para que éstos no la sobrepasaran en altura.

En un ambiente tan tenso, muchos judíos de buena posición se convirtieron al cristianismo, incluso antes de las matanzas de 1391. En la primavera de este año, el Arcediano de Écija, Ferrand Martínez, comenzó a recorrer la ciudad de Sevilla, arengando y exhortando a los sevillanos en contra de los judíos. El 6 de marzo estalló al fin el odio sembrado por el Arcediano de Écija, promoviéndose un motín popular, en el que el pueblo entró por el barrio de la Judería, saqueando las tiendas, maltratando y persiguiendo por las estrechas calles de la Judería. Pasado algún tiempo, y no sin recelo volvieron algunas familias judías a Sevilla, reconstruyendo sus tiendas y sus casas. Sin embargo, jamás volvió a haber ya un barrio judío. El barrio, sus palacios y sinagogas fueron cristianizados. Se respetó, solo temporalmente, a los conversos, pero los edificios importantes fueron transformados en palacios para nobles castellanos, conventos o plazas. La comunidad hebrea restante fue lentamente retirándose, agazapándose en las calles interiores donde había quedado la única sinagoga, temiéndose lo peor y sólo al amparo de unas leyes del mismo rey que procuraban evitar nuevos asaltos.

De las tres sinagogas, dos fueron expropiadas, y convertidas, la una en parroquia de Santa María de las Nieves, vulgarmente llamada la Blanca, y otra en parroquia de Santa Cruz, pero no la actual, sino la que estuvo en el terreno que hoy ocupa la Plaza de Santa Cruz.

Pasados algunos años, cuando Enrique III alcanzó la mayoría de edad para reinar, uno de sus primeros actos de gobierno fue procesar y encarcelar al Arcediano de Écija, don Ferrand Martínez. Asimismo el rey impuso una crecidísima multa al vecindario de Sevilla y a su Ayuntamiento, tan elevada que no fue posible pagarla de contado, y durante más de diez años estuvo el municipio de Sevilla abonando cantidades de oro, para pagar la pena impuesta por la destrucción de la Judería, según vemos en las cuentas del Libro del Mayorazgo en el archivo municipal. Los judíos de Sevilla no volvieron a reponerse de aquel exterminio. La Judería, que había llegado a contar más de cinco mil vecinos, quedó reducida a unas docenas, que con dificultad pudieron componer el número suficiente para organizar una sinagoga, siendo ésta la que hoy está convertida en iglesia parroquial de San Bartolomé, construida después de aquella matanza.

A mediados del sigo XV había judíos dispersos por todas las colaciones de la ciudad, desaparecidas las murallas y gran parte de la misma Judería, aunque en Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé figuraban aún numerosas familias judías.El Tribunal del Santo Oficio, instalado en la iglesia de la Magdalena de Sevilla en 1480 para juzgar y castigar las herejías, señaló el final de la Judería. Ya en 1481 hubo casos de condenas a la hoguera por el simple hecho de ser judío.

La decadencia de la Judería fue tal que a fines del siglo XV no había prácticamente judíos en Sevilla, por lo cual el decreto de expulsión de los judíos dictado por los Reyes Católicos en 1492 fue notado en todas las ciudades del reino, menos en Sevilla, de donde no se expulsó prácticamente a nadie, porque no había ya judíos en la ciudad. En general, puede decirse que el desenvolvimiento de la vida de los conversos sevillanos, en los últimos años del siglo XIV y principios del siglo XV, no fue nada fácil. Así, junto a su enorme afán por volver a la normalidad y tratar de recomponer sus vidas y fortunas, se constata el hecho de la falta de sinceridad de muchas de estas conversiones, por lo que, en poco tiempo, esto confesos como los llamaba la documentación de la época, volvían a practicar sus antiguas creencias y, en muchos casos, decidían exiliarse a Portugal o Granada.

Los conversos sevillanos conservaron e incrementaron en el siglo XV, por el contrario, su poderío económico y social. Algunos llegaron a constituir linajes de importancia incorporados a los caballeros ciudadanos o al ejercicio del poder municipal: Marmolejo, Sánchez de Sevilla y Martínez de Medina, conversos con anterioridad a 1391, Fernández Cansino, Susán, Lando tal vez. Otros conservaron sus funciones bancarias de préstamo de dinero, arriendo de rentas, profesiones liberales y, en general, sus anteriores medios de vida. Buena parte se convirtió con sinceridad a la fe cristiana: otros no, y el pueblo común extendía a todos sus sospechas sobre el criptojudaísmo de algunos, como argumento para insistir en su marginación social y realizar en ocasiones conatos de asalto a casas de conversos en los momentos de mayor tensión social del siglo, así, en 1465 y 1473-1474; al cabo, el resultado fue, para los judíos, la expulsión, con el fin de que no pudiera su presencia atraer religiosamente a los conversos, a menudo sus parientes, o proporcionar motivo para que éstos sufrieran «diversos desires con infamia». Pero muchos conversos hubieron de sufrir algo peor tal vez: el funcionamiento del Tribunal del Santo Oficio desde 1480.

Almanaque perpetuo de Abraham Zacuto

El Almanach perpetuum de Abraham Zacuto

Entre los científicos que más influyeron sobre Cristóbal Colón se destaca Abraham Zacuto, profesor de la Universidad de Salamanca. Debido a las persecuciones religiosas, tuvo que emigrar a Portugal, donde pasó al servicio del rey Juan II y, más tarde, de Manuel de Portugal. Zacuto mejoró el astrolabio y publicó el Almanaque perpetuo, obra muy útil para los navegantes del siglo XV, que permite el cálculo de latitudes.

Abraham Zacuto facilitó los resultados de sus investigaciones al Almirante y le prestó ayuda personal.

En el Archivo General de Indias se conserva el ejemplar del Almanaque perpetuo que consultó y anotó Cristóbal Colón. Están igualmente los libros de cuentas del converso Luis de Santángel, que fue decidido protector y financiador parcial del viaje colombino.

Antigua Sinagoga-Iglesia de Santa María la Blanca

Santa María la Blanca

Edificada en el siglo XIII como sinagoga, fue transformada en templo cristiano en 1391, tras las matanzas en la Judería de Sevilla. El rey Alfonso X en 1252 después de la toma de Sevilla por su padre, concedió a los judíos que habitaban la zona de San Bartolomé y Santa Cruz, una sinagoga para su uso. Así continuó hasta 1391, cuando fue convertido en iglesia cristiana. El nombre y la advocación de Santa María de las Nieves se lo impuso el cabildo catedralicio.

La portada lateral, con acceso desde la calle Archeros, conserva dos fustes romanos coronados por sendos capiteles visigodos, que corresponden a la antigua sinagoga.

La iglesia actual de Santa María la Blanca, construida en 1662 en estilo barroco, presenta una planta dividida en tres naves, que se encuentra a su vez dividida por columnas de mármol rojo. Las bóvedas se encuentran decoradas por obra de yesería y atribuida a los hermanos Borja. En las obras de decoración de la iglesia debió intervenir Murillo, quien pintó los medios puntos, expoliados por el mariscal Soult durante la invasión francesa, que posteriormente fueron sustituidos por copias.

La sinagoga

La sinagoga (lugar de reunión, en griego) es el templo judío. Está orientada hacia Jerusalén, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas, la oración comunal, el estudio y el encuentro.

En las ceremonias se lee la Torá. El oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen o niño cantor. La sinagoga no es sólo casa de oración, sino también centro de instrucción, ya que en ellas suelen funcionar las escuelas talmúdicas.

Los hombres y las mujeres de época medieval, y también hoy en día, se sientan en zonas separadas.

En el interior de la sinagoga se encuentra:

  1. El Hejal, armario situado en el muro este, orientado hacia Jerusalén, en su interior se guarda el SeferTorá, los rollos de la Torá, la ley sagrada judía.
  2. El Ner Tamid, la llama perpetua siempre encendida ante el Hejal.
  3. La menorá, candelabro de siete brazos, signo habitual en el culto.
  4. La Bimá, lugar desde donde se lee la Torá.

Antigua sinagoga-Iglesia de San Bartolomé

Torre de la iglesia de San Bartolomé

En la Judería de Sevilla, existían tres sinagogas; una, en el área de lo que hoy es Plaza de Santa Cruz, que después fue Parroquia y desapareció a principios del siglo XIX; otra, en el actual templo de Santa María la Blanca y la tercera, venía a ocupar parte de lo que hoy es Parroquia de San Bartolomé.

El 9 de enero de 1396, el rey Enrique III confiscó los bienes de los judíos y las tres sinagogas, concediéndoselas a su Justicia Mayor, Don Diego López de Zúñiga y a su Mayordomo, Don Juan Hurtado de Mendoza. Estas concesiones no llegaron a efectuarse porque el Cabildo Secular se incautó de las mismas y se las entregó al Cabildo Catedralicio, que dispuso que Santa Cruz y Santa María la Blanca quedaran afectas a la Catedral de Sevilla como capillas y que la que en el futuro sería la iglesia de San Bartolomé la única que continuara como sinagoga.

La antigua sinagoga debió levantarse donde hoy se encuentra el convento de las Salesas y al que los antiguos llamaban de San Bartolomé el Viejo. Este convento, que ya existía antes de la expulsión en el lugar, aparece en una concordia de fecha 15 de Septiembre de 1410, entre el Cabildo de la Catedral de Sevilla y los Beneficiados de la Iglesia de San Bartolomé y cuyo original se encuentra en los Archivos Catedralicios.

Aproximadamente en el año 1470, la antigua Parroquia de San Bartolomé el Viejo, se traslada a lo que era la sinagoga de la Judería, próxima a la muralla de Sevilla y situada entre la llamada Puerta de la Carne y la Puerta Carmona. En su conversión a templo cristiano, se ejecutaron una serie de obras de adaptación y agrandamiento, según consta en los documentos de la época. El templo reformado se denominó San Bartolomé El Nuevo y se abrió al culto cristiano en 1490.

En 1779 la iglesia fue derribada. En su lugar se construyó un nuevo templo en 1786, según planos de José Echamorro, que es el que se puede contemplar en la actualidad.

La sinagoga

La sinagoga (lugar de reunión, en griego) es el templo judío. Está orientada hacia Jerusalén, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas, la oración comunal, el estudio y el encuentro.

En las ceremonias se lee la Torá. El oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen o niño cantor. La sinagoga no es sólo casa de oración, sino también centro de instrucción, ya que en ellas suelen funcionar las escuelas talmúdicas.

Los hombres y las mujeres de época medieval, y también hoy en día, se sientan en zonas separadas.

En el interior de la sinagoga se encuentra:

  1. El Hejal, armario situado en el muro este, orientado hacia Jerusalén, en su interior se guarda el SeferTorá, los rollos de la Torá, la ley sagrada judía.
  2. El Ner Tamid, la llama perpetua siempre encendida ante el Hejal.
  3. La menorá, candelabro de siete brazos, signo habitual en el culto.
  4. La Bimá, lugar desde donde se lee la Torá.

Antigua sinagoga-Iglesia del Convento de las monjas dominicas

Convento de las monjas dominicas

Una cuarta sinagoga fue la iglesia del Convento de las monjas dominicas, al fondo de la calle de San José. Fue comparada con la sinagoga del Tránsito de Toledo y hasta hay quien asegura que fue mandada construir por el mismo Samuel Ha-Levi, el tesorero de Pedro I, constructor de la sinagoga toledana. El convento fue fundado en 1447, pero no se ocupó hasta cuarenta años después. De la antigua estructura de lasinagoga pueden reconocerse todavía las armaduras mudéjares del artesonado.

La sinagoga

La sinagoga (lugar de reunión, en griego) es el templo judío. Está orientada hacia Jerusalén, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas, la oración comunal, el estudio y el encuentro.

En las ceremonias se lee la Torá. El oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen o niño cantor. La sinagoga no es sólo casa de oración, sino también centro de instrucción, ya que en ellas suelen funcionar las escuelas talmúdicas.

Los hombres y las mujeres de época medieval, y también hoy en día, se sientan en zonas separadas.

En el interior de la sinagoga se encuentra:

  1. El Hejal, armario situado en el muro este, orientado hacia Jerusalén, en su interior se guarda el SeferTorá, los rollos de la Torá, la ley sagrada judía.
  2. El Ner Tamid, la llama perpetua siempre encendida ante el Hejal.
  3. La menorá, candelabro de siete brazos, signo habitual en el culto.
  4. La Bimá, lugar desde donde se lee la Torá.

Antigua sinagoga-Plaza de Santa Cruz

Detalle de la Plaza de Santa Cruz

Desde la Plaza de Alfaro llegamos a la Plaza de Santa Cruz. Esta plaza se encuentra rodeada por una pequeña zona ajardinada y arbolada y en torno a ella hay numerosas casas señoriales, entre ellas, la antigua casa del arquitecto Juan Talavera, uno de los autores más importantes de la arquitectura regionalista sevillana.

Antiguamente estuvo en la plaza la parroquia de la Santa Cruz, que daba nombre al barrio. La iglesia, de estilo mudéjar, aprovechó una de las tres sinagogas que había en la judería sevillana y fue convertida en iglesia cristiana tras los sucesos de 1391. La iglesia estaba en estado ruinoso cuando fue derribada en 1811 por el gobierno de ocupación francés, que emprendió un plan de reurbanización de la ciudad. La plaza ocupa el solar de la iglesia. Tres de las columnas de la sinagoga-iglesia se conservan en la calle de La Rábida, sustentando una gran reja.

En esta antigua iglesia estaba enterrado Murillo, y sus restos quedaron sepultados en el derribo, como atestigua una placa en la fachada oeste de la plaza.

En 1921 se coloca en su centro la Cruz de la Cerrajería. Este monumento es de 1692, obra del rejero Sebastián Conde, y en su origen estaba situado en la confluencia de las calles Sierpes y Cerrajería (de ahí su nombre). Debido a las molestias que causaba en la circulación fue desmontada y vuelta a montar en numerosas ocasiones, hasta que finalmente en el siglo XIX se llevó al Museo de Bellas Artes. En 1921, con motivo de las reformas urbanísticas del barrio de Santa Cruz, se colocó definitivamente presidiendo el jardín de esta plaza.

La sinagoga

La sinagoga (lugar de reunión, en griego) es el templo judío. Está orientada hacia Jerusalén, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas, la oración comunal, el estudio y el encuentro.

En las ceremonias se lee la Torá. El oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen o niño cantor. La sinagoga no es sólo casa de oración, sino también centro de instrucción, ya que en ellas suelen funcionar las escuelas talmúdicas.

Los hombres y las mujeres de época medieval, y también hoy en día, se sientan en zonas separadas.

En el interior de la sinagoga se encuentra:

  1. El Hejal, armario situado en el muro este, orientado hacia Jerusalén, en su interior se guarda el SeferTorá, los rollos de la Torá, la ley sagrada judía.
  2. El Ner Tamid, la llama perpetua siempre encendida ante el Hejal.
  3. La menorá, candelabro de siete brazos, signo habitual en el culto.
  4. La Bimá, lugar desde donde se lee la Torá.

Barrio de San Bartolomé

Alrededores de la iglesia de San Bartolomé

Parte importante de la antigua Judería, en el barrio de San Bartolomé se puede disfrutar de calles sugerentes y llenas de atractivos. Lo artístico y sentimental de San Bartolomé se hallará en sus templos y conventos, en su intrincado laberinto y en sus callejuelas. El tiempo no pudo escapar de este barrio y subyace en cada patio, surgiendo a borbotones y volcando su caudal de historia.

El cerco de la antigua Judería se iniciaba en la calle Tintes, pasaba por la plaza de las Mercedarias, Conde de Ibarra y Federico Rubio hasta alcanzar Mateos Gago. Abarcaba las dos mitades de la Judería que son el barrio de San Bartolomé y el barrio de Santa Cruz. Para el tránsito las murallas se abrían en dos o tres postigos que comunicaban con los demás barrios; en el otro extremo la Puerta de las Perlas miraba al campo y al cementerio de la comunidad que puede localizarse por el sitio del actual mercado de la Puerta de la Carne.

Las calles de Santa María la Blanca y San José son la columna vertebral deñ barrio que se ramifica en pequeñas callejuelas llenas de encanto como Cano y Cueto, San Clemente, Céspedes o Levíes. Los pulmones de San Bartolomé son dos plazas gremiales que tienen mucho que ver entre sí, Curtidores y Zurradores, además de la plaza de las Mercedarias. Fernando III, tras la conquista, concedió tres mezquitas para el culto sinagogal. Además de la que existió en el solar de la plaza de Santa Cruz, en el barrio de San Bartolomé se abrieron Santa María la Blanca y la de San Bartolomé.

Barrio de Santa Cruz

La calle de la Judería

Santa Cruz es el nombre con el que en la actualidad se denomina una parte de la antigua Judería. Antes de 1248, la judería de los musulmanes ocupaba ya el Barrio de Santa Cruz hasta la Puerta de la Carne. Referencias de la etapa almohade denominan la zona que se extiende desde la Puerta de Jerez a la Puerta de la Carne como Barrio del Alcázar de la Bendición. Una muralla, levantada en época medieval, otorgaba a la Judería cierta independencia. No existe constancia que aquella zona estuviera ocupada por judíos desde la etapa musulmana de la ciudad aunque existe una tradición que nos dice que cuando la ciudad fue conquistada por Castilla en 1248, los almohades entregaron la llave de la ciudad y los judíos la de la Judería al rey Fernando III. Aunque no es más que una tradición las dos llaves que se conservan en el Tesoro de la Catedral parecen confirmarlo. Lo que sí que es cierto es que una vez conquistada la ciudad todas las mezquitas fueron entregadas a la iglesia excepto tres que se concedieron a los judíos.

Las relaciones entre judíos y cristianos no siempre fueron pacíficas. La práctica de la usura levantaba odios y recelos en el resto de la población. El gran asalto que tuvo lugar en 1391 acabó con el carácter judío del barrio. Las casas incautadas a los judíos fueron entregadas a los cristianos y las sinagogas convertidas en iglesias cristianas que recibieron los nombres de San Bartolomé, Santa María la Blanca y Santa Cruz. La parroquia de Santa Cruz, en la que fue enterrado Murillo, fue derribada en el siglo XIX, durante el corto periodo de ocupación francesa. Estaba situada en la actual Plaza de Santa Cruz.

Calle Archeros

La calle Archeros

La calle Archeros, llamada antiguamente calle de la Sinagoga, es una calle estrecha y de corto recorrido que presenta un trazado algo irregular, fruto de su origen medieval.

En las fachadas, sobre todo en los muros de la sinagoga, había unos frescos cuyo origen es del siglo XVII. A estos frescos, los vecinos los denominaron los colorines.

En 1526, durante la boda de Carlos V en Sevilla, fue ocupada por los arqueros reales, de ahí su nombre actual.

Calle Mateos Gago

La calle Mateos Gagos

La calle Mateos Gago, límite norte de la Judería, con sus tiendas de souvenirs y restaurantes, constituye un importante foco turístico. Desde ella puede disfrutarse de una de las mejores vistas de la Giralda. Además, ofrece la posibilidad de visitar la Parroquia de Santa Cruz, cuya portada permaneció doscientos años sin concluirse, hasta que en 1929 la levantó el arquitecto Juan Talavera.

Calle Pimienta

La calle Pimienta

La calle Pimienta, en el Barrio de Santa Cruz, es una calle interior de acceso exclusivamente peatonal debido a la acusada estrechez entre sus dos frentes de casas, y de muy corto recorrido, como suele ser habitual en esta zona de la ciudad.

Existen varias leyendas que explican el nombre de la calle Pimienta. Una de ellas cuenta que se debe a que aquí vivió un rico comerciante judío que aseguraba que, en momentos de necesidad, Yavéh jamás recurría al árbol de la pimienta.

Pero en su jardín creció un árbol de la pimienta y, por respeto a Yavéh, le puso el nombre a la calle.

La leyenda de la calle Pimienta

Otra versión de la leyenda de la calle Pimienta cuenta como un mercader judío decidió poner una tienda de especias en esta calle, pero, tras unos meses, el negocio comenzó a ir mal. Un día ya desesperado, el judío empezó a blasfemar y a decir todo tipo de improperios a Dios, al que culpaba de todos sus males y, sobre todo, de que su negocio fuese mal. Por allí pasaba un cristiano que oyó como blasfemaba el judío. Éste se acercó a él y le reprochó:

No debes de culpar a Dios de tus desdichas, ya que Él te ha dado mucho, y debes de estar siempre agradecido.

El judío, después de oír los reproches que le había hecho el cristiano, se arrepintió y empezó a llorar. De sus lágrimas empezaron a brotar del suelo plantas de pimienta.

De ahí, se dice, que viene el nombre de Pimienta de la calle.

Calle de San José

La calle San José al anochecer

Tras la conquista cristiana de la ciudad, en 1248, la zona alrededor de la Calle de San José fue ocupada por la población judía que vivía en Sevilla. Los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé contaban con su propia muralla y puertas (la de la Carne era la que daba al exterior) para acotar el recinto de la judería.

En la zona del palacio de Altamira existían diferentes ricas casas judías siendo esta parte de la ciudad la más rica y próspera. En 1391 una población exaltada toma la judería e incendia el barrio, destruyéndose todo cuanto había en él. Los judíos son expulsados de la ciudad y sus casas y edificios, abandonados.

Calle de la Judería

La calle de la Judería

La calle de la Judería es una de las mayor encanto del Barrio de Santa Cruz. Posee una disposición muy peculiar: se inicia en el Patio de Banderas del antiguo Alcázar, pasando bajo algunas casas. Cruza bajo una de las torres de la muralla, con un acceso "en recodo", y sigue en el exterior de la muralla del Alcázar, con una fuente y una lápida dedicada a Luis Cernuda.

En esta calle podemos ver un arco y un torreón que era parte de la puerta que comunicaba el Alcázar con la Judería.

Calle de la Susona

La calle de la Susona

Denominada antiguamente calle de la Muerte, por causa de la calavera de la judía Susona. Dos azulejos recuerdan la leyenda, en la pared del número 10 (uno a cada lado de la esquina). El primero es el cráneo de la Susona. El segundo cuenta la leyenda con estas palabras:

En estos lugares, antigua calle de la muerte, pusose la cabeza de la hermosa Suona ben Suzón, quien, por amor, a su padre traicionó y por ello atormentada dipúsolo en testamento.

Parece ser que el padre estaba en un grupo de judíos que preparaba una sublevación en el año 1481. Los conjurados querían hacerse con el poder en la ciudad e intentar, con el apoyo musulmán, ir contra los cristianos de Sevilla. La conspiración estaba formada por Diego Susón, banquero y cabecilla de la misma; Pedro Fernández de Venedara, mayordomo de la catedral; Juan Fernández de Alboslaya, letrado y alcalde de Justicia, Adolfo de Triana y muchos otros.

El primero de ellos tenía una hija llamada Susona, que mantenía relaciones secretas con un caballero cristiano del que estaba enamorada. Cuando ella se enteró de que su padre, junto con los otros conjurados, incluía en sus planes matar al hombre a quien amaba, no dudó en delatar a los suyos. El resultado no se dejó esperar: la conspiración fue deshecha y sus cabecillas fueron arrestados y condenados a muerte.

Según se cuenta, tras su muerte dejó en testamento que colocaran su calavera a modo de castigo y forma ejemplar en la casa donde vivió, por voluntad propia.

Callejón del Agua

El callejón del Agua

Por el callejón del Agua que corre paralelo a los jardines del Alcázar; veremos las distintas casas están decoradas con numerosas plantas, macetas e hiedras. Desataca la casa con el número 2, con su patio rodeado de columnas y macetas. En la fachada de esta casa hay una lápida que conmemora la visita del escritor norteamericano Washington Irwing.

Este callejón nos conduce hasta la Plaza de Alfaro, puerta de acceso a los jardines de Murillo, desde el Barrio de Santa Cruz, cuya creación es de 1911, cuando fueron cedidos por el Alcázar bajo orden real a la ciudad, ya que pertenecía a su antigua huerta.

Casa de la memoria de Al-Ándalus

Espectáculo flamenco en la Casa de la Memoria

Centro cultural situado en el Barrio de Santa Cruz, la Casa de la Memoria de Al-Ándalus organiza exposiciones y conciertos, y durante todo el año, un ciclo musical centrado en el arte flamenco. La sede es una antigua casa-palacio que conserva elementos de la primitiva casa judía (siglo XV), así como otros elementos de los siglos XVI y XVII. Se puede visitar la casa y la tienda, donde se puede adquirir artesanía exclusiva de la tradición andalusí y sefardita.

Columnas de la sinagoga-Iglesia de Santa Cruz

Columnas de la Sinagoga de Santa Cruz en los Jardines de San Telmo

Tras la matanza en 1391 de más de cuatro mil judíos a manos de sevillanos alentados por el Arcediano de Écija, apenas quedaron judíos en Sevilla. Poco a poco la sinagoga fue quedando sin uso y tras la expulsión de los judíos de España ordenada por los Reyes Católicos la sinagoga se convirtió en iglesia cristiana bajo la advocación de la Santa Cruz.

La arquitectura de este templo descansaba sobre cuatro columnas desiguales. Con la destrucción del templo, la Iglesia de Santa Cruz acabó instalándose en la calle de Mateos Gago y las columnas fueron trasladadas al Jardín de la Aclimatación, cercano a los jardines de las Delicias. Ese terreno fue comprado por Antonio de Orléans, Duque de Montpensier, para anexionarlo a los jardines del Palacio de San Telmo.

Tras la compra en 1926 de parte de los jardines del palacio para edificar pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929, se procedió a la apertura de la calle La Rábida y al levantamiento del muro actual de los jardines. De este modo, las columnas quedaron enmarcadas en el acceso más cercano al Pabellón de Chile de los actuales Jardines de San Telmo.

Convento de San José del Carmen

Portada del Convento de San José del Carmen

Junto al Convento de San José del Carmen, donde se guardan valiosos objetos personales de Teresa de Ávila, de origen converso, que lo fundó en 1575, como el manuscrito original de Las moradas.

Estela funeraria del rabí Salomón

La estela funeraria del rabí Salomón, actualmente en el Museo Sefardí de Toledo

En el siglo XIV brilló rabí Salomón, médico, astrónomo y exegeta de gran mérito, nacido en Sevilla donde murió en 1345. Su estela funeraria, grabada en un fragmento de columna romana, fue descubierta en 1580 en el cementerio hebreo en la Puerta de la Carne.

La columna, rota en tres partes, fue transportada posteriormente a la puerta de la Campanilla de la Catedral; de aquí pasó a la escalinata de la biblioteca Colombina y finalmente al Museo Sefardí de Toledo, donde se conserva en la actualidad.

Lienzo de la cerca de la Judería

Lienzo de la cerca de la Judería en la calle Fabiola

En la calle Fabiola del antiguo barrio judío se conserva un parte del lienzo amurallado que protegía el barrio judío. Es la cerca interior que cerraba la Judería. En su base, la cerca presenta varias ruedas de molino incrustadas como botarruedas cuya función era evitar que los carros de caballo dañaran con sus ejes los muros. Los adoquines y la irregularidad de la calle confirman el trazado antiguo.

Necrópolis judía

Excavación de la necrópolis judía de la Puerta de la Carne

En la calle Cano y Cueto, área extramuros de la ciudad medieval, estaba situada la necrópolis judía que ocupaba una gran extensión. Así se desprende de los hallazgos de tumbas durante diferentes excavaciones realizadas para la construcción del aparcamiento de la calle Cano y Cueto y del edificio de la Diputación. También se han encontrado evidencias hasta la calle Marqués de Estella, en el barrio de San Bernardo, a unos 500 metros de la muralla. La magnitud de la necrópolis es un exponente de la importancia de la comunidad hebrea en Sevilla.

La información arqueológica ha caracterizado una necrópolis definida en dos grandes etapas, una inicial compuesta por tumbas familiares en pequeñas concentraciones bajo bóvedas de ladrillo o tumbillas, y otra etapa, posterior a la matanza de 1391, donde se localizan escasas evidencias, mucho más pobres, en fosas simples.

Cuando en 1843 se fortificó la puerta de la Carne, se descubrieron allí muchas sepulturas al excavar el foso que defendía el fuerte, algunas de ellas aún contenían huesos humanos.

No son estas de las dos últimas décadas, las únicas manifestaciones de la necrópolis judía, que no ocupaba una extensión uniforme, sino que estaba compuesta por parcelas rodeadas de terrenos inhabitados que hasta el siglo XVII no comenzaron a urbanizarse.

En 1580, debido a la hambruna provocada por una gran sequía, algunos desgraciados e indigentes profanaron algunas tumbas en los alrededores de la Puerta de la Carne. Destrozaron y abrieron un número indeterminado de ellas, encontrando cuerpos vestidos de ricas prendas, joyas, objetos de oro y plata y cierta cantidad de libros hebreos, algunos de los cuales acabaron en manos de Benito Arias Montano, salvándose así de la destrucción y la barbarie.

Así mismo, fue descubierta una inscripción mortuoria, grabada en un trozo de columna romana. Este epitafio, que tras mucho deambular por Sevilla, acabó en el Museo Arqueológico, perteneció a un brillante sevillano del siglo XIV llamado Rabí Salomón, que fue médico, astrónomo y exégeta de gran valía que murió en Sevilla en 1345.

Los restos arqueológicos fueron retirados, a excepción de una tumba conservada en el aparcamiento subterráneo.

El cementerio

El cementerio se ubicaba extramuros, a cierta distancia del barrio judío. El terreno elegido:

  • Tenía que ser tierra virgen
  • Estar en pendiente
  • Estar orientado hacia Jerusalén

La judería debía tener un acceso directo al cementerio para evitar que los entierros tuviesen que discurrir por el interior de la ciudad.

Los reyes autorizaron después de 1492 (en Barcelona en 1391), que las piedras de los cementerios judíos pudieran ser reaprovechadas como material de construcción. Así, no es extraño encontrar fragmentos de inscripciones hebreas en varias construcciones posteriores.

A pesar del expolio que sufrieron desde finales del siglo XIV, la memoria de estos cementerios ha perdurado como nombre en determinados lugares, por ejemplo, Montjuïc en Barcelona o Girona. Sabemos de la existencia de más de veinte cementerios judíos medievales. Otros sólo se conocen o bien por la documentación o bien por las lápidas conservadas. El de Barcelona, en Montjuïc, fue excavado en el año 1945 y 2000, el de Sevilla en 2004, el de Toledo en 2009 y el de Ávila en 2012.

Palacio de Altamira

El Palacio de Altamira

El Palacio de Altamira conserva la memoria de la judería. Se trata de una construcción monumental de los siglos XV a XVIII con patios de columnas, galerías y estancias aristocráticas. Destaca el patio menor, con fustes y capiteles reaprovechados de las épocas romana, califal y almohade, yeserías y paños de alicatados mudéjares. Es uno de los lugares identificados con la localización de la casa de Samuel ha-Leví, judío administrador del rey Pedro I. Las obras de restauración documentaron restos de los suelos de las casas, con huellas de incendio provocadas por el saqueo y la matanza de judíos del año 1391.

A principios del siglo XV llega a Sevilla Diego López de Estúñiga, Justicia Mayor de Castilla, a quién el Rey regala estos terrenos. El linaje de los Estúñiga levanta el actual palacio a imagen y semejanza de los Reales Alcázares, con dos zonas bien diferenciadas, la pública y la privada, cada una centrada por un patio que recuerda a los construidos en el Alcázar. El palacio va pasando por diferentes familias hasta el siglo XVIII cuando es ocupada por el linaje de los Altamira, de quién toma el nombre actual.

Junto a este patio se encontraban las principales estancias públicas, como la gran Qubba o Salón del Trono, actualmente totalmente reformado pero que un día debió contar con una cúpula mudéjar. En el siglo XVII se le añadió una segunda planta para crear arriba un oratorio. Junto a este gran salón (hoy en día decorado con los restos de vigas y artesonados que se han podido rescatar) estaban los aposentos del Duque, con una loggia que en su día daba a los jardines y huertas del palacio, hoy totalmente ocupadas por casas. Además hay un pequeño museo con diferentes restos hallados en las excavaciones arqueológicas del recinto.

Palacio de Miguel de Mañara

Palacio de Miguel de Mañara, en la calle Levíes

El palacio de Miguel de Mañara, situado en la calle Levíes, fue mandado edificar por la familia de los Almansa en el siglo XV sobre los restos de edificaciones anteriores, entre ellas, una casa mudéjar. La casa responde a la tipología renacentista, aunque con ligeras modificaciones posteriores. De las primeras construcciones sobre las que se asentó el palacio renacentista aún se conservan zócalos con pinturas murales en una de las salas de la planta baja, probablemente realizadas en el segundo tercio del siglo XV.

El palacio de Mañara conserva una colección de rejas de origen judío. Como curiosidad destaca que casi todas son de diferente diseño. Es la fachada de Sevilla que mejor conserva estos elementos.

La calle Levíes, donde se encuentra, recibe su nombre de Samuel ha-Leví, tesorero y contador mayor del rey Pedro I.

Samuel Ha-Leví

Samuel ha-Leví Abulafia funcionario público, Oidor de la Audiencia y Tesorero Real con Pedro I de Castilla, fue miembro de una influyente familia que ejerció como administrador con plenos poderes del caballero portugués Juan Alfonso de Alburquerque, antes de entrar a las órdenes del rey Pedro I para reorganizar la hacienda de Castilla.

Hombre refinado, con conocimientos de astrología y adivinación, desempeñó diferentes cargos en la Corte, y jugó un papel decisivo en la implantación de Pedro I el Cruel frente a sus hermanos bastardos Trastámara.

La notable influencia y el rápido crecimiento de la riqueza hicieron que el tesorero obtuviera el permiso del rey para construir otra sinagoga a pesar de la prohibición papal.

Su mayor recompensa fue la devolución a los hebreos de los bienes que habían perdido tras el saqueo a la judería de 1355 por los partidarios de los Trastámara, y sobre todo la construcción de la soberbia sinagoga que llevó su nombre. Sin embargo, tan poderoso magnate apenas vivió tres años para disfrutar de sus logros, ya que, acusado de defraudar a la hacienda real, los tormentos a los que fue sometido acabaron con su vida en 1361.

Puerta de la Carne

La Puerta de la Carne en 1850. Calotipo por Joseph de Vigier

La Puerta de la Carne, llamada de Minjoar por los musulmanes y de origen almorávide, era la única salida al exterior del acotado Barrio de la Judería. Se encontraba en la unión de la actual calle Santa María la Blanca con la calle Cano Cueto, en donde se encontraba el mercado.

Recibió a través de su historia varios nombres como la puerta de las Perlas, la puerta de la Judería, al ser la entrada directa de la ciudad a la misma y el que perduró, Puerta de la Carne, por la existencia de un matadero a las afueras de la ciudad, edificado en tiempos de los Reyes Católicos e inmortalizado por Cervantes en su Coloquio de los perros, del que dijo ser uno de los tres lugares que le quedaban al rey por ganar en Sevilla y donde hizo nacer a Berganza, uno de sus protagonistas.

La Puerta de la Carne en Cervantes

Miguel de Cervantes, al inicio de su Coloquio de los perros hace nacer a su personaje, Berganza, en el matadero de la Puerta de la Carne de Sevilla.

BERGANZA.-«Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla y en su Matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne; por donde imaginara (si no fuera por lo que después te diré) que mis padres debieron de ser alanos de aquellos que crían los ministros de aquella confusión, a quien llaman jiferos. [...] Finalmente, oí decir a un hombre discreto que tres cosas tenía el Rey por ganar en Sevilla: la calle de la Caza, la Costanilla y el Matadero».

Sepulcro de Fernando III

Detalle del sepulcro de Fernando III el Santo

El rey San Fernando, que había instalado ya su residencia definitiva en Sevilla, cayó enfermo y murió el 30 de mayo de 1252. Fue enterrado en la Catedral. En el sarcófago que don Alfonso el Sabio mandó construir en 1279 para conservar los restos de su padre, hizo grabar una inscripción en cuatro lenguas: hebreo, árabe, latín y castellano.

El epitafio hebreo dice:

En este lugar está el sepulcro de del Rey grande Don Fernando, señor de Castilla y de Toledo, y de León y de Galicia, y de Sevilla y de Córdoba y de Murcia, y de Jaén. Esté su alma en el Jardín del Edén. El que conquistó toda Sefarad, el Recto, el Justo, el prudente, el Magnífico, el Fuerte, el Piadoso, el Humilde, el que temió a Dios y le sirvió todos sus días; el que quebrantó y destruyó a todos sus enemigos, y ensalzó y honró a todos sus amigos, y conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda Sefarad, y murió en ella en la noche del día segundo y vigésimo día del mes de Sivan, año cinco mil y doce de la creación del Mundo.

Glosario