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El palacio del Conde de Torreno, en el lado contrario de la calle, se asoma ya a la plaza de Porlier, en cuyo extremo occidental estaba la puerta de Castiello, es decir, una de las puertas del castillo que aquí hubo y que servía de acceso a la ciudad intramuros y al barrio de los judíos. Un esclarecedor plano de los asentamientos judíos sitúa en esta plaza los principales hitos de referencia hebraica de Oviedo, al menos desde el período en el que los miembros de la aljama dejaron de poder elegir libremente su lugar de residencia en la ciudad para concentrarse en un lugar concreto, a partir de las Ordenanzas del Concejo de Oviedo de 1274. El espacio que ocupa esta plaza, sumando a parte de la manzana que forma el edificio del lado norte y al de la actual plaza de Juan XXIII, constituye el ámbito esencial de la judería ovetense "desde la puerta del Castillo hasta la puerta Nueva de Socastiello, y de la puerta para afuera, si quisieran". Los redactores de las Ordenanzas justifican estas limitaciones en que los judíos "se esparzían a morar por la villa, por que venja danno ala villa, en muchas maneras que non queremos declarar", pero aprovechan de paso para establecer una serie de cortapisas a sus actividades. A partir de ese momento los hebreos de Oviedo no podrán hacer empeños sobre objetos robados, conceder préstamos a mujeres sin la autorización de su marido o realizar actividades financieras después de la caída de la noche.
En la misma plaza de Porlier, la escultura de Eduardo Úrculo El regreso de Williams Arrensberg (1993), que representa a tamaño natural a un viajero con sombrero y gabán, apoyado sobre sus maletas, se ha convertido en un verdadero símbolo de la ciudad de Oviedo.
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