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Durante muchas centurias, hasta 1492, la Península Ibérica fue un mosaico, un hervidero de pueblos, culturas y religiones. La presencia hasta esta fecha de comunidades judías esmaltó la geografía urbana de la península.
Estas comunidades desarrollaron su propia cultura, practicaron sus costumbres y su religión y desarrollaron su vida social en estrecho contacto con las comunidades cristianas y árabes, según los casos. La riqueza de esta realidad es una herencia común, un patrimonio colectivo de muchos pueblos de España. Los Caminos de Sefarad son una propuesta de viaje por las juderías más destacadas.
Esta ruta ha sido designada Gran Itinerario Cultural del Consejo de Europa.
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