 Las casas colgadas sobre el Onyar. Al fondo, la catedral y el campanario de la la
iglesia de Sant Feliu
La distribución laberíntica y el sabor medieval de sus calles, las empinadas escaleras
que obligan constantemente a salvar los diferentes niveles de la orografía urbana,
el encanto de las tiendas del barri vell, la aportación histórica y didáctica del centro Bonastruc ça Porta y, sobre todo,
la decidida apuesta por recuperar el viejo barrio judío hacen de la judería de Girona un espacio único y fascinante. La transformaciones que sufrió el barrio
tras la expulsión de los judíos en 1492 no han impedido que el call dels jueus siga manteniendo hoy una buena parte de ese misterio cabalístico que caracterizó
a los judíos gerundenses, en un entorno que se mantiene en sus precisos límites desde
la Edad Media.
Por la documentación preservada de la Alta Edad Media sabemos que, entre los años
888 y 890, unas veinticinco familias judías se instalaron en las proximidades de la
catedral de Girona. Llegaron de la mano del conde Dela, quien los trajo consigo tras haber adquirido para su casa el predio de Juïges (en latín Judaicas) en el condado de Besalú, donde hasta entonces habrían vivido. Mucho más tarde aparece el término call judío o callis iudaicus en un documento fechado el 20 de julio de 1160. La comunidad habría ido creciendo
con nuevas familias hasta llegar a constituir en el siglo XIV, con cerca de un millar
de almas, un diez por ciento de la población de la ciudad. Desde el parque de la Devesa,
junto al Punto de Bienvenida de la ciudad se obtiene una espléndida visión de conjunto
del call, instalado en el mismo corazón de la Gerunda romana y la Girona medieval.
Las referencias documentales más antiguas, en relación a los lugares de Girona habitados o propiedad de judíos, aparecen a partir del 930. Probablemente en aquella época los judíos,
poco numerosos, vivían en una zona próxima a la catedral, alrededor del antiguo Cardo Maximus. En ese lugar es donde habría que localizar la primera de las sinagogas, fechada en
el año 988. Durante los siglos X y XI aparecen ya diversas referencias documentales
a judíos que habitaban en el lugar que, años más tarde, sería conocido como el call. Ese espacio era propiedad del cabildo en el siglo XI y no era, todavía, un lugar
exclusivamente judío.
Durante la segunda mitad del siglo XI tuvieron lugar en Girona dos concilios provinciales
que trataron temas relativos a los judíos. El primer concilio, del año 1068, se preocupó
de las tierras que los judíos compraban a los cristianos y determinó que los diezmos correspondientes se pagaran en la iglesia parroquial a la que pertenecían.En el concilio de 1078 se volvió a plantear la cuestión y, nuevamente, se determinó
que todos los impuestos sobre las tierras en propiedad de judíos se pagarían a la
parroquia que tenía derecho al diezmo, tal como ocurría en las tierras cultivadas por cristianos. El tema era de importancia
y por ello fue tratado en dos concilios, lo que nos sugiere que el volumen de las
adquisiciones judías debía ser grande. En este sentido, Jaume Marqués opina que los judíos gerundenses del siglo XI ocupaban
fincas importantes, compradas o bien obtenidas judicialmente como pago de préstamos
no retornados.
Diversos documentos del siglo XI mencionan propiedades y bienes de judíos ubicados
en diversos lugares de la ciudad, incluso extramuros: viñas, huertas, tierras, etc.
Además, la comunidad disponía, al menos desde 1207, de una extensión de tierra virgen
al norte de la ciudad, el Montjuïc o Monte de los Judíos, donde podían enterrar a sus difuntos. Los judíos de Girona poseían también inmuebles
situados en la calle de las Ballesterías, en el Mercadell (espacio ocupado en la actualidad
por el edificio de la Pía Almoina), y en la zona pseudo-industrial del Mercadal, donde poseyeron derechos sobre varios
molinos.
Los judíos eran propiedad jurídica del rey, quien les imponía prestaciones económicas
más elevadas que a los cristianos. En contrapartida, el monarca les protegía y dictaba
privilegios para la organización de la aljama y, en algunos casos particulares, les concedía su confianza y privilegio. En 1265, Astruc Ravaya fue designado por Jaime I Baile de Girona y su hijo, Mossé Ravaya, ostentó el título de Baile General de Cataluña. Eran miembros de una de las familias más importantes de la comunidad, que compartía
su poderío social y económico, dentro y fuera de la aljama, con familias como los Saltell, los Graciá, los Cresques, los Lobell, los Ravaya,
los Caravita, los Falcó, los Desmestre, los Badós, los de Blanes, los Avinai, los
Rovén y algunas pocas más. Estas familias disfrutaban de una excelente posición heredada
de padres a hijos; eran hombres de cultura, poseían tierras y propiedades y se relacionaban
con las grandes familias cristianas.
La ocupación del call como lugar de habitación judío se produjo entre finales del siglo XI y principios
del XII. El documento más antiguo que menciona el asentamiento de judíos en la zona del call es del día 20 de julio de 1160 cuando Bernardo, arzobispo de Tarragona y sacristán de la Catedral de Girona, concedió a un judío
llamado Mordechai y su hijo Moshé Batlle las casas, propiedad de la Catedral, situadas in calle judaico que ya poseyeron su padre y antecesores. La zona del call no era todavía un área judía homogénea, pero se detecta ya un aumento de sus propiedades
en la zona. En el año 1197, Elisenda de Vilademany y su hijo Dalmau Ramón daban a Berenguer Cifret, en franco alodio, unos censos que cobraban de la casa habitada por Berenguer Sabater y que se encontraba
en una plazoleta donde Berenguer Cifret hizo algunas ventas a judíos que iban ocupando
la parte norte del futuro call.
En 1279 estaba ya plenamente constituido el call, que disponía de un hospital de pobres y enfermos, ubicado en la antigua calle de
la Ruca.El call era el espacio judío por excelencia, donde discurría la vida cotidiana de la comunidad
de Girona. En 1284 un documento lo nombra como el Barrio de Israel y menciona la existencia, en aquel lugar, de diversos inmuebles propiedad de judíos,
que contaban con un sistema de cloacas, con balcones y con patios.
 El carrer de la Força
Durante esa época, en los años 1276-1278, empezaron las quejas de Jaime I al obispo de Girona por la actitud de cierta parte del clero, que desde el campanario de la catedral
y las casas de la Iglesia apedreaban el call, hechos que ya se habían producido anteriormente, en especial en el día del Viernes
Santo. La comunidad judía también había visto como huertos, viñas y sepulturas del cementerio de Montjuïc habían sido destruidas. El rey instó a las autoridades civiles y eclesiásticas a que estos hechos no volvieran
a repetirse, pero, para Cataluña y para Girona en particular se acercaban tiempos difíciles.
La situación, al iniciarse el año 1285, era un punto desesperada para el rey. La ocupación de Sicilia de 1283 enfrentó al rey Pedro III con la casa de Anjou, expulsada de la isla, con el rey de Francia y con el Papa.
Ya el día 8 de febrero de 1283 el rey había ordenado a los judíos de Girona que pagaran la mitad de las obras que se hacían para mejorar las defensas urbanassegún la antigua costumbre, en previsión de un ataque del ejército francés. Por otra parte, el día 25 de enero de 1284, el rey decretó que desde el Miércoles Santo hasta pasada la Pascua, los judíos no
salieran del call, en previsión de posibles disturbios y para su propia salvaguarda.
Tal y como temía Pedro III, la cruzada papal, apoyada y dirigida por el rey de Francia
Felipe III el Atrevido, cruzó los Pirineos después de algunas tentativas. Pedro III,
con un ejército más reducido, decidió abandonar Figueras y Perelada y hacerse fuerte
en Girona. Al llegar a la ciudad el rey encontró a los almogávares saqueando el call. Actuando con contundencia, restableció la situación y pudo dedicarse a preparar la
defensa de la ciudad delegando el mando de la plaza a Ramón Folch de Cardona, señor
del castillo de Gironella, que se hizo fuerte en el perímetro amurallado de la Força
Vella. El día 28 de junio de 1285 comenzó el asedio dirigido personalmente por Felipe III
de Francia. Al día siguiente, un documento real informaba a sus oficiales que los
judíos habían abandonado la ciudad con sus familias y les ordenó no exigirles peaje
y asegurar su protección.
En 1373 el eje central del call ya se conocía oficialmente con el nombre de carrer Major del Call. El barrio judío se extendía a ambos lados de la actual calle de la Força y muchas
casas de judíos descansaban, en una de sus partes, sobre la muralla de la ciudad,
que discurría paralela a la calle de las Ballesterías. Entre estos edificios se levantaba
la segunda de las sinagogas, en un espacio actualmente ocupado por las casas que se
hallan frente a las escaleras de la Virgen de la Pera (Pujada de la Catedral). En 1386 Pedro IV el Ceremonioso, preocupado siempre por la defensa de su ciudad, considerada
la llave del reino, mandó derruir las edificaciones que estaban adosadas a la muralla. Muchas casas de la judería y del Mercadell estaban adosadas al muro de la ciudad y, a menudo, apoyadas directamente
sobre la muralla. Se hacía una excepción con las paredes de la sinagoga en las que se podían abrir unas puertas anchas que facilitaran el paso y con la casa
de Abraham Rava, judío. Esta sinagoga, que denominamos la sinagoga mayor, estaba situada en el corazón del call.
En 1331 tuvo lugar un fuerte asalto a la judería y el monarca creó una Comisión Real para castigar a los culpables.En 1348, a causa de los problemas ocasionados por la Peste Negra, el call fue de nuevo atacado.
 A través del Carrer Sant Llorenç se accedía al edificio que albergó la última sinagoga,
hoy sede del Centro Bonastruc Ça Porta. © J. M. Oliveras
Y lo mismo volvió a suceder en 1391. El día 10 de agosto de 1391 tuvieron lugar los disturbios contra los judíos de Girona,
que provocaron el asalto del call y una gran matanza de judíos. El trauma provocado fue espantoso, algunos supervivientes
se refugiaron en la Torre Gironella, otros en casas de amigos cristianos residentes en la propia ciudad. Probablemente
la sinagoga fue uno de los objetivos principales de aquellos vándalos. El asalto y destrucción
del call del año 1391 tuvo graves consecuencias para la comunidad judía de Girona que ya no
volvió a ser la misma. Además de la destrucción material producida por incendios y
saqueos, la población judía disminuyó considerablemente en parte por las muertes, en parte por las conversiones al cristianismo y la emigración, fenómenos que continuaron durante el siglo XV.
La situación dentro del call se convirtió en incierta. Por un lado, la protección real comenzó a ser menos enérgica,
por otro, los jurados de la ciudad se encontraban entre dos fuegos: las órdenes reales que conminaban a
proteger a la comunidad judía, y la posición claramente antijudía de gran parte de
la población. Todo ello se agravó a comienzos del siglo XV con la actitud del Papa
Benedicto XIII (el Papa Luna) que en el año 1412 dirigió dos cartas al obispo de Girona,
una relativa a la fe católica y la otra convocando a los judíos a la denominada Disputa
de Tortosa, que pretendía la conversión de los judíos y que fue celebrada en Tortosa.
La Disputa fue larga, extendiéndose hasta 1414, y a su término unos tres mil judíos
acabaron abrazando el cristianismo. Una década antes, en 1404, Vicente Ferrer había pronunciado su célebre sermón delante de miles de personas reunidas en torno
a la escalera del Convento de los Dominicos mientras los judíos, encerrados tras una verja, escuchaban sus soflamas antijudías
sin poder hacer nada.
Tras la conclusión de la Disputa de Tortosa, Benedicto XIII publicó el 11 de mayo
de 1415 una bula de gran dureza en la que prohibía que ningún fiel o infiel de cualquier
condición se atreviera, en público o en privado, a escuchar, leer o enseñar las doctrinas
del Talmud y, por tanto, se procedía a recoger todos los volúmenes, libros y escritos que contuvieran
dicha doctrina. El objetivo no era otro que limitar la vida religiosa de los judíos
y perjudicar la buena convivencia entre las dos comunidades. Del mismo modo, según
la disposición papal se debían clausurar todas las sinagogas y dejar una sola, la
menos lujosa, para los servicios religiosos. En Girona, el 24 de octubre de 1415 se procedió a iniciar el cierre de la sinagoga, que fue clausurada el día 10 de noviembre de 1415.La sinagoga, según parece, fue reabierta nuevamente, con permiso del príncipe Alfonso, el día
5 de marzo de 1416 y continuó en uso durante algunos años.
A comienzos del siglo XV, el edificio de la Pía Almoina de la Catedral de Girona se había quedado pequeña y María, esposa del futuro Alfonso
IV el Magnánimo y princesa de Girona autorizó la ampliación. Inmediatamente se procedió
a adquirir diferentes patios y casas para la nueva sede. Entre las ventas realizadas,
el día 6 de abril de 1416, Bonastruc de Mestre, judío, vendió a la Almoina una casa cerca de la capilla de Sant Genís y de las escaleras de la Catedral. Esta
casa estaba situada en la esquina de la calle actual de la Força con la plaza de la
Catedral y al lado del Portal Mayor del Call. Al año siguiente, Astruc za Barra, judío, vendió su casa en la calle del Ardiaca, enfrente del horno de la Ruca.
 El carrer Manuel Cúndaro. © J. M. Oliveras
A mediados del siglo XIV el call de Girona fue convirtiéndose, poco a poco, en un lugar aislado del resto de calles
que configuraban el núcleo dela ciudad medieval. Eran momentos difíciles en la relaciones
entre judíos y cristianos. Los ataques eran cada vez más frecuentes y los organismos
municipales optaron por convertir el call en un espacio cerrado, como medida de protección para los judíos, pero también como
medida de apartamiento. Con el pretexto de prevenir posibles nuevos ataques por parte de la comunidad cristiana,
los jurados exigieron en 1418 que el call tuviera puertas que se pudieran cerrar y que se cegaran aberturas o ventanas a la
calle Mayor del Call.En 1418, durante la Procesión del Viernes Santo, el call fue atacado de nuevo y los jurados de la ciudad ordenaron la clausura de todas las puertas y ventanas que, desde el
call, se abrían sobre la calle de la Força.Cegadas todas las aberturas de las casas a la calle Mayor del Call, en 1442 se publicó un nuevo edicto por el que se ordenaba que los judíos no pudieran
habitar en la antigua calle de Sant Llorenç (la actual calle de la Força) porque ya no era parte del call.
El primer edicto de apartamiento de 1418 hizo inservible la sinagoga, situada en la calle de la Força, porque era inaccesible para la comunidad judía
al encontrarse fuera de la reclusión del call cerrado. Así, el 10 de noviembre de 1434, los jurados conceden a Bonastruc de Mestre, Astruc Avinai y Bonastruc Jucef, judíos, licencia
para construir unas casas en los patios del call que podrían haber albergado la última sinagoga de la ciudad: la casa y calle de Astruc Avinai, a oriente y la casa de Jaume Falcó,
también judío, al norte, parecen indicarlo. Esta tercera sinagoga sólo fue utilizada
hasta 1492. En sus dependencias se instalaron la escuela talmúdica, el micvé, el hospital y la escuela de mujeres.
 El portal de Sobreportes
El trabajo de los jurados era cada vez más activo y delicado en el intento de regular la convivencia de cristianos,
conversos y judíos. En las Ordenaciones del 19 de abril de 1444, se establecía que ningún judío viviera
en la calle de Sant Llorenç, actual calle de la Força, que queda fuera de los límites del call y todo judío que tuviera casas situadas en los límites del call tenía que cegar puertas y ventanas que dieran en la calle de Sant Llorenç en el plazo de 15 días.Parece que las Ordenaciones tuvieron escaso cumplimiento dado que el 28 de abril de
1445, los jurados tuvieron que recordar la disposición anterior añadiendo que ningún cristiano o judío
alquilara, diera o dejara casas a los judíos ni tampoco tiendas o mesas situadas en
la calle de Sant Llorenç ni en las plazas o callejones anexos. Los judíos podían alquilar tiendas, mesas o vivienda en cualquier otro lugar, siempre
que estuviera en los límites del call y que las casas no dieran a la calle de Sant Llorenç.
La situación, dentro y fuera del call, se iba deteriorando para la comunidad judía. En 1449 una carta de las autoridades municipales a la reina María pone de manifiesto la pobreza
de la comunidad judía de Girona, con menos de 125 personas.En 1456 los jurados de la ciudad hacían saber al rey que, de acuerdo con el obispo de la ciudad y a requerimiento
del inquisidor Pedro Conde, se había ordenado la ampliación del call por la placita de la calle de la Ruca que se añadiría, cerrando todos los pasos con el fin de alejar a los judíos de las
casas que daban a la calle de Sant Llorenç, actual calle de la Força. Esta disposición
parece indicar que la orden de los jurados de 1444 no se había cumplido.
Sin embargo, el apartamiento de los judíos en el call no quiere decir que los judíos no poseyeran propiedades fuera de éste. En efecto,
los restos y patios de la segunda sinagoga, que quedaban fuera del cercado, seguían perteneciendo a la comunidad judía. Una
prueba de ello es que el día 20 de mayo de 1461 Astruc za Barra, judío, vende a la Almoina de la Catedral el derecho de pasar por su huerto el agua procedente del horno de
la Ruca a través de dos pequeños acueductos. Casa y huerto estaban situados en la
calle del Ardiaca, enfrente del horno.
El día 30 de abril de 1492 los rectores de la aljama recibieron una cédula real fechada en Granada el 31 de marzo por la que se les notificaba
la decisión de los Reyes Católicos según la cual aquellos judíos que permanecieran
fieles a su fe debían salir del país antes del 1 de agosto. Podían vender sus propiedades y llevarse todos sus bienes salvo de monedas de oro
y plata. Los que optaron por el exilio tuvieron que malvender lo que tenían en poco
tiempo y sin alternativas.
 La placeta del Correu Vell
La liquidación de las propiedades inmobiliarias judías se hizo en muy malas condiciones
y a precios modestos. Entre otros, Lleó Avinai, judío de una notable familia, que habitaba la casa contigua de la tercera sinagoga, vendió en nombre propio y el de su esposa, Estrugona, el día 28 de junio, su casa a Miquel Escolà, beneficiado de la catedral. El importe de la venta fue de 60 libras y el edificio
hay que calificarlo de notable, en aquella época, de gran superficie y de bella estructura. El mismo día, Jucef Piera, vendió también su casa familiar, situada al sur de la de Lleó Avinai, a Antonio Baldomar, canónigo de la catedral, por un precio de 15 libras barcelonesas.El 12 de julio los rectores de la aljama vendían a Pere Grau Terrades una casa que fue antiguamente escuela o sinagoga de los judíos. En el documento se insiste en que se trataba de la antigua sinagoga. El precio de la venta fue de 10 florines.El 9 de julio se vendió el conjunto de edificios donde se ubicaba la tercera sinagoga. Se trataba de un conjunto de casas contiguas: las escuelas de la aljama, la casa de las mujeres, el hospital y el micvé. Fue comprada por Jordi Rafart, presbítero beneficiado de la catedral, por un importe inferior a la mitad de la
venta de la casa de Lleó Avinai. Por último, el día 29 de julio, a punto ya de abandonar la ciudad, Bonastruc Benvevist, judío
importante y económicamente muy potente, vendió su casa de la calle de Sant Llorenç
al doctor en leyes Joan Serra que pagó 30 libras. Muchos pensaban que el exilio sería temporal, como Bonastruc
Benvenist, que vendió sus bienes con la condición de poder recuperarlos si regresaba
en el plazo de un año. Pero los judíos nunca regresaron a Girona.
En 1492 desapareció definitivamente la comunidad judía de Girona. Aunque la Inquisición
intentó borrar todo recuerdo de su presencia, la herencia de los judíos persistió
en la ciudad, y aún hoy, más de quinientos años después, las calles del call mantienen vivo el recuerdo de aquella comunidad que vivió en Girona durante más de
siete siglos. Aún en los siglos posteriores (XVI-XVII-XVIII) los documentos siguen
refiriéndose a la calle de la sinagoga, de l´antiga escola dels jueus o de la sinagoga dels jueus.
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