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La calle de Santa Cruz, que parte de la misma plaza de los Huérfanos, se introduce en el corazón del barrio judío, llevando a su izquierda la línea pétrea de los muros del convento de las clarisas. La judería jaenesa, que según una crónica del siglo XIII relacionada con el rey castellano Pedro I el Cruel llegó a tener mil quinientas almas, alojó en sus calles a una de las aljamas más relevantes de Sefarad, viviendo una larga etapa de esplendor hasta finales del siglo XIV. Tras el asalto de 1391, que en Andalucía tuvo características especialmente violentas, esta documentada la transformación de una de las sinagogas de la ciudad en la nueva parroquia de Santa Cruz, en la que el culto se celebraba únicamente cada tres meses, como muestra del alejamiento de los nuevos conversos del ritmo general de la sociedad cristiana. En esta calle debió de estar aquella sinagoga, que algunos autores relacionan también con el convento de Santa Clara. La travesía de Santa Cruz conduce hasta un pequeño dédalo de estrechas callejuelas que constituye el núcleo más íntimo de la judería, en un espacio actualmente degradado, en fase de recuperación. La plaza del Rostro se abre a la izquierda de la calle del Rostro, donde se localiza la parte trasera de la capilla de San Andrés, que debió de ser la entrada principal a la sinagoga que existió en este lugar antes de la capilla, que se visita más adelante: en esta misma calle, en el número 12, una moderna estrella de David señala la casa, de resonancias judaicas, de un artista local comprometido con la protección y divulgación de la judería de Jaén, y más adelante, cerrando la calle, el moderno edificio que acoge las instalaciones de la Casa de las Artes Sabetay D'Jaén.
De regreso a la plaza del Rostro, el callejón del Gato, una de las vías con más sabor del barrio, conduce hasta la calle de San Andrés, otro de los ejes principales de la judería.
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