 La Judería de Segovia
Cerrada por siete puertas a partir del año 1481, la judería de Segovia constituye un espacio perfectamente delimitado en el flanco sur de la
urbe amurallada, un barrio en el que conviven actualmente restos de sinagogas, palacios,
museos y edificios que evocan su pasado judío, repartidos a lo largo de un conjunto
de calles llenas de misterio medieval. El paseo por la judería, que muestra una ciudad
distinta a la de los itinerarios convencionales por la Segovia del Acueducto y del
Alcázar, se complementa además con la visita al cementerio judío situado en la zona
conocida como El Pinarillo, al otro lado del arroyo Clamores, donde se conservan algunos
restos de enterramientos de extraordinario valor.
La primera noticia acerca de la presencia de judíos en la ciudad de Segovia remite
a 1215, cuando Giraldo, obispo de la ciudad, dictó un interdicto censurando las apuestas en el juego entre
judíos y cristianos de la parroquia de San Miguel, en pleno centro de la ciudad. Esta
noticia muestra un contexto de convivencia cotidiana entre ambos colectivos y el asentamiento de los judíos en el centro de
Segovia desde al menos algo antes de esa época. Cuarenta años después, en 1252, la presencia de los judíos en la ciudad es una realidad completamente consolidada,
como nos deja ver el mandato remitido por el Papa Inocencio IV al obispo segoviano Raimundo de Losana, en el que la que obliga a los judíos a llevar un signo distintivo en sus trajes:
Con el fin de evitar que los judíos puedan unirse, con grave daño, con las mujeres
de los cristianos y éstos con las de los judíos.
Salvo éstas y alguna más, durante el siglo XIII las noticias conservadas ofrecen muy
pocas referencias sobre la comunidad judía de Segovia. Sabemos, no obstante, que residieron
en la ciudad destacados cabalistas como el soriano Jacob ha-Cohen, que según la tradición
murió en Segovia, o Yosef ben Abraham Chiquitilla (1248-1325), lo que supone una muestra inequívoca de
la vitalidad de la aljama segoviana.
Durante el siglo XIV, la comunidad judía de Segovia está compuesta por alrededor de
cincuenta y cien familias, que contaban con dos sinagogas, la Mayor y la Vieja. Tras una visita en 1326, el Arzobispo de Toledo, Juan de Aragón, condenó el ayuno a pan y agua que realizaban conjuntamente las mujeres judías y
las cristianas en la víspera de la celebración de la Pascua. Como se ve, esta denuncia
presenta un clima de convivencia que ha superado las barreras existentes entre los
miembros de ambas comunidades religiosas que no es aceptado por las autoridades.A inicios del reinado de Enrique II, a partir de 1369, se produjeron altercados en
Segovia y Ávila contra los judíos a causa de la moratoria general que el rey había impuesto a las
deudas contraídas con los judíos. Los cristianos asaltaron a sus vecinos hebreos para
arrebatarles los documentos acreditativos de sus deudas.
Durante esta época, a excepción de breves altercados, la comunidad judía mantuvo una
relación fluida con las principales instituciones civiles y eclesiásticas. La sede
episcopal no intervino en los asuntos judíos salvo para aplicar las normas de separación
entre comunidades que reclamaba la Iglesia. De hecho, la comunidad judía mantuvo una
estrecha relación con el Cabildo de la catedral, dado que se convirtió en el principal
arrendador de las casas de los judíos y empleó a muchos de ellos en las obras efectuadas
en la catedral. Sólo se conoce un pleito, en el que Çag de Cuellar litigó en 1370 con el Cabildo por el alquiler de una casa situada en la parroquia
de San Esteban, llegándose finalmente a un acuerdo ante dos jueces árbitros, el obispo
segoviano Martín de Cande y el judío Çag Abudacham. El Cabildo era la mayor poseedora de bienes inmuebles en la Segovia del siglo XIV
y obtenía importantes beneficios del arrendamiento de estas propiedades. El peso de
los judíos en este capítulo de ingresos era notable, como lo demuestra el hecho de
que en 1373 casi un tercio de los arrendatarios de viviendas capitulares fueran precisamente
miembros de la comunidad hebrea.
Tras la muerte de Juan II en 1390, la inestabilidad política que se instaura en Castilla afectó a los judíos
en reino que vieron como se rompía definitivamente la convivencia. El vacío de poder
provocado por la muerte de Juan I y la ausencia de una autoridad firme fueron aprovechados
por el Arcediano de Écija, Ferrand Martínez, para promover e instigar el asalto a la judería sevillana. A fines de 1390, el arcediano había logrado asaltar y masacrar las juderías
de Écija y Alcalá de Guadaira y el 6 de junio de 1391, bajo su inspiración, la de
Sevilla. Durante dos meses esta oleada de violencia popular contra los judíos afectó
a otras comunidades hebreas como las de Córdoba, Cuenca, Toledo, Madrid, Burgos y
Logroño en Castilla.
La crónica de Enrique III nos informa de la llegada a la corte de noticias de lo que
estaba ocurriendo, pero no nos ofrece ningún dato sobre si la ciudad se vio afectada
también por la violencia:
Partieron de Madrid e vino el rey a la cibdad de Segovia. E estando allí ovo nuevas
cómo el pueblo de la cibdad de Sevilla avía robado la judería e que eran tornados cristianos los más judíos que y eran, e muchos de ellos muertos.
E que luego que estas nuevas sopieron, en Cordoba e en Toledo ficieron eso mesmo e
así en otros muchos logares del regno.
En 1412 los tutores del rey Juan II promulgaron unas disposiciones, conocidas como
las leyes de Ayllón, muy restrictivas hacia la comunidad judía castellana. De un modo
general, esta legislación limitó la independencia jurídica y administrativa de las
aljamas, prohibió a los judíos el desempeño de ciertas actividades profesionales y
estableció la segregación social de la comunidad judía.
 La calle de la Judería Vieja
Entre las medidas concretas recogidas en las Leyes de 1412, se encontraba la obligación
de obligar a judíos y musulmanes a vivir en barrios separados. De este modo, se disponía:
Que de aquí adelante todos los judíos e moros e moras de los mis regnos e señoríos
sean e vivan apartados de los cristianos en un logar aparte de la çibdad, villa o
logar donde fueren vecinos. E que sean çercados de una çerca de derredor e tanga una
puerta sola por donde se manden en tal çírculo. En que en el dicho çírculo, e lo que
ay fueren asignados, moren los tales judíos e judías e moros e moras e non en otro
logar nin casa fuera de él.
En octubre de 1412 el concejo de Segovia ya había agrupado a los judíos de la ciudad
en ciertos solares y tierra pertenecientes al convento mercedario de Santa María de la Merced. Esta judería, la primera que hubo en la ciudad, se situaba entre la Almuzara, esto es, la actual
plaza de la Merced y la puerta de San Andrés. El apartamiento fue cumplido rigurosamente
durante años. Sin embargo, con el paso del tiempo se comienzan a dar algunas excepciones,
como la del rabí Yucef, contador mayor del príncipe Enrique, que tenía su residencia
en la céntrica plaza de San Miguel en 1453. Otros casos conocidos de judíos que vivían fuera de la Judería muestran cómo la presión sobre la comunidad judía se había relajado y cómo poco a
poco habían vuelto a recuperar el espacio social perdido en Segovia.
Fray Vicente Ferrer visitó Segovia entre finales de 1411 y 1412 para exhortar a la conversión a judíos y musulmanes y provocando una gran expectación en la ciudad, pero no se
conservan más noticias sobre su actividad en Segovia. Sólo conocemos que en la sesión
del 24 de octubre de 1411, el Cabildo de la catedral dispuso que:
Por quanto fray Veçente venía, e con él, mucha gente de pobres, que del día que él
entrare en la dicha çibdat fasta el día que partiere, que den de comer de la mayordomía
del común a quarenta pobres cada día pan e vino e carne. E el día de ayuno, pan e
vino e pescado, conveniblemente lo que les fisiere menester. E que ge lo den en el
palaçio cada día a la mañana e a la noche. E que los repartan a dormir cada noche
en las casas de los sennores beneficiados.
Todo hace suponer que el dominico logró en aquellos momentos algunas conversiones
entre la comunidad judía segoviana, sin que sea posible aventurar ni el número ni
la relevancia de las mismas.
Del mismo modo, durante la regencia de Catalina de Lancaster (1406-1419) se produjeron
los sucesos del Corpus Christi en los que se acusó a un grupo de judíos, entre ellos
Meir Alguadex, médico de Enrique III, de haber profanado una hostia consagrada en
la sinagoga Mayor. La denuncia de este hecho, junto con el castigo de los presuntos culpables
del hecho, fue la expropiación de la sinagoga, que pasó a ser iglesia bajo la advocación
del Corpus Christi. Con todos estos episodios de violencia y antisemitismo producidos
en Segovia a finales del siglo XIV y principios del XV aumentaron notablemente las
conversiones al cristianismo.
 Entrada a la Casa del Judío
A pesar del sombrío panorama, la aljama de Segovia era una de las más prósperas y pobladas de Castilla a finales del siglo
XIV. Con el reinado de Juan II, Segovia vuelve a entrar en otro ciclo de prosperidad
que se extiende con el reinado de Enrique IV durante el siglo XV. El fortalecimiento de la aljama a mediados de siglo tuvo su reflejo en el ámbito urbanístico, económico y social,
con el establecimiento progresivo de los judíos fuera del estrecho espacio de la judería, en su creciente participación en el pago de los impuestos reales y en su presencia
institucional en la ciudad. Entre 1464 y 1482 la aljama de Segovia se situó como la principal contribuyente en el impuesto del servicio y medio servicio. Esta circunstancia es un claro reflejo tanto del fuerte crecimiento demográfico experimentado por la aljama como de su prosperidad económica.
El 13 de diciembre de 1474, la princesa Isabel se proclamó reina de Castilla y León
en la ciudad de Segovia, donde se encontraba a la muerte de Enrique IV. Aunque la
aljama no participó de los actos políticos organizados, sí sabemos que Abraham Seneor tuvo
un papel destacado en el acceso de la reina al trono y en su posterior consolidación
en el mismo.
Los Reyes Católicos mantuvieron la protección a los judíos, pero adoptando ciertas
medidas restrictivas contra la comunidad judía. En las Cortes de Madrigal, en 1476
retiraron a las aljamas su capacidad para juzgar los pleitos penales y en las Cortes
de Toledo de 1480 se volvió a obligar a los judíos a vivir en un barrio segregado,
confirmando con ello las Leyes de Ayllón de 1412. El apartamiento decretado por las Cortes de Toledo de 1480 se llevó a efecto en Segovia
el 29 de octubre de 1481 bajo la supervisión de Rodrigo Álvarez Maldonado, que se vio obligado a moderar el excesivo celo de las autoridades de la ciudad al
colocar las ocho puertas que debía cerrar el recinto, dado que alguna de ellas era
demasiado estrecha para el paso de los carros y dificultaba, por tanto, el abastecimiento
de la Judería. Por lo demás, los Reyes Católicos mantuvieron la protección hacia los judíos y de
sus intereses con toda firmeza durante su reinado, hasta el momento de la expulsión.
Alrededor de 1486 el Tribunal de la Inquisición se estableció en Segovia, provocando una completa convulsión que desató las tensiones
sociales, económicas y políticas latentes desde principios de siglo. Los conflictos
crecientes entre las comunidades cristiana y judía se habían hecho tan profundos que
resultaba muy difícil asumir un posible entendimiento.
 La calle de la Judería Nueva
Los regidores municipales de la ciudad de Segovia mantuvieron durante esta etapa una
actitud beligerante contra los judíos de Segovia. En 1485, por ejemplo, se prohibió
a los panaderos cocer los matzot en sus hornos, como al parecer tenían por costumbre. Esta decisión, de la que no
se puede encontrar motivación objetiva, supuso un importante agravio a la comunidad
judía, por ser la pascua muy cercana.
La oposición religiosa y social a los judíos tuvo su centro en Segovia en el monasterio
dominico de Santa Cruz cuyo prior, fray Tomás de Torquemada, fue nombrado por los reyes Inquisidor general en 1483. Por esas mismas fechas, uno de los frailes del monasterio de Santa Cruz, fray Francisco de la Peña, realizaba predicaciones públicas por la ciudad en la que predisponía a la población
contra los judíos con afirmaciones como sy non ponen fuego al monte, que non podría echar los lobos fuera. En marzo de 1485, los reyes ordenaron al bachiller Alvar Fernández que impidiera a fray Francisco proseguir con sus incendiarios sermones. Parece que
no pudo impedirlo, porque un mes más tarde encargaron de nuevo el asunto al corregidor
Ruy González.
 Sinagoga Mayor. Fachada
Al mismo tiempo, la aljama sufría fuertes tensiones a causa de los diferentes intereses que mantenían sus dirigentes
y el resto de sus integrantes. En 1490 los reyes atendieron una reclamación efectuada por Abraham Alboer y ordenaron a su corregidor en la ciudad que proveyera lo necesario para que todos
los miembros de la aljama contribuyeran de modo equitativo en el pago de impuestos. Ese mismo año, el judío segoviano Jacob Cachopo, procurador de las aljamas del reino, solicitó a los monarcas una carta de seguro
que le protegiera de Abraham Seneor y de otros miembros de la comunidad hebrea de Segovia.
En esta situación llegó el edicto de expulsión de los judíos. En Segovia este decreto
fue pregonado públicamente un mes después de su redacción en Granada. Como nos relata un anónimo testigo de los hechos:
Martes, primero día del mes de mayo, día de los bienaventurados apóstolos San Philipe
e Santiago, anno de Nuestro Señor y Salvador Ihesu Christo de mill e quatrocientos
e noventa y dos annos, reinantes en Castilla los muy serenísimos don Fernando e donna
Isabel, reyes de Castilla e de Granada, fue publicado en Segovia e en toda Castilla
de mandado de sus altesas cómo vacassen de sus reynos todos los judíos que estavan
en suys reynos. Dioles seguro con que saliesen dentro de tres messes de sus reynos
e que no llevassen consigo oro ni plata ni moneda amoneda[da] ni armas ni otras cosas
vedadas, salvo mercadorías etc. Publicose el día susodicho en el monasterio de Sancta
Cruz desta çibdad estando ay todo el pueblo desta dicha çibdad, que fueron y concurrieron
allí con muy devota e notable processión. Demos a Dios Nuestro Señor infinytas graçias,
que permitió ser echados los infieles de nuestros reynos.
Ante la disyuntiva de bautizarse o proceder a la liquidación de sus bienes, algunos,
como Abraham Seneor, decidieron bautizarse. El 15 de junio de 1492, el anciano financiero fue bautizado como Fernán Pérez Coronel en el monasterio cacereño de Santa María de Guadalupe en una ceremonia en la que
actuaron como padrinos los propios Reyes Católicos.
La aljama se vio obligada a liquidar los bienes comunales. En el momento de la expulsión estas
propiedades consistían en dos sinagogas, la nueva sinagoga Mayor y la del Campo con su hospital anexo, el cementerio, una carnicería, un horno
y unos baños.
 Calle de Juan Bravo. Al fondo se encontraba la ubicación de la Puerta de la Judería
La falta de noticias sobre la salida de Segovia de los judíos impide conocer, ni siquiera
de un modo aproximado, el número de judíos que abandonó la ciudad y el de los que
decidieron convertirse al cristianismo. El único dato seguro lo proporciona un censo
de conversos de 1510, dieciocho años después de la expulsión, que reflejó la existencia
en Segovia de 788 conversos, distribuidos en 209 familias. De cualquier modo, al considerar
este dato, es necesario tener en cuenta que la cifra no hace referencia tan sólo a
los bautizados en 1492, sino al conjunto de los conversos residentes en la ciudad.
Los conversos, convertidos ya en cristianos nuevos, siguieron viviendo en las mismas
calles en que lo hicieron sus antepasados. La vieja judería se convirtió entonces en el Barrio Nuevo, cuyo trazado urbano se ha mantenido en
líneas esenciales hasta nuestros días.
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