Fitur 2011
  • Fitur 2011
Los judíos en Segovia
La Judería de Segovia

La Judería de Segovia

Cerrada por siete puertas a partir del año 1481, la judería de Segovia constituye un espacio perfectamente delimitado en el flanco sur de la urbe amurallada, un barrio en el que conviven actualmente restos de sinagogas, palacios, museos y edificios que evocan su pasado judío, repartidos a lo largo de un conjunto de calles llenas de misterio medieval. El paseo por la judería, que muestra una ciudad distinta a la de los itinerarios convencionales por la Segovia del Acueducto y del Alcázar, se complementa además con la visita al cementerio judío situado en la zona conocida como El Pinarillo, al otro lado del arroyo Clamores, donde se conservan algunos restos de enterramientos de extraordinario valor.

La primera noticia acerca de la presencia de judíos en la ciudad de Segovia remite a 1215, cuando Giraldo, obispo de la ciudad, dictó un interdicto censurando las apuestas en el juego entre judíos y cristianos de la parroquia de San Miguel, en pleno centro de la ciudad. Esta noticia muestra un contexto de convivencia cotidiana entre ambos colectivos y el asentamiento de los judíos en el centro de Segovia desde al menos algo antes de esa época. Cuarenta años después, en 1252, la presencia de los judíos en la ciudad es una realidad completamente consolidada, como nos deja ver el mandato remitido por el Papa Inocencio IV al obispo segoviano Raimundo de Losana, en el que la que obliga a los judíos a llevar un signo distintivo en sus trajes:

Con el fin de evitar que los judíos puedan unirse, con grave daño, con las mujeres de los cristianos y éstos con las de los judíos.

Salvo éstas y alguna más, durante el siglo XIII las noticias conservadas ofrecen muy pocas referencias sobre la comunidad judía de Segovia. Sabemos, no obstante, que residieron en la ciudad destacados cabalistas como el soriano Jacob ha-Cohen, que según la tradición murió en Segovia, o Yosef ben Abraham Chiquitilla (1248-1325), lo que supone una muestra inequívoca de la vitalidad de la aljama segoviana.

Durante el siglo XIV, la comunidad judía de Segovia está compuesta por alrededor de cincuenta y cien familias, que contaban con dos sinagogas, la Mayor y la Vieja. Tras una visita en 1326, el Arzobispo de Toledo, Juan de Aragón, condenó el ayuno a pan y agua que realizaban conjuntamente las mujeres judías y las cristianas en la víspera de la celebración de la Pascua. Como se ve, esta denuncia presenta un clima de convivencia que ha superado las barreras existentes entre los miembros de ambas comunidades religiosas que no es aceptado por las autoridades.A inicios del reinado de Enrique II, a partir de 1369, se produjeron altercados en Segovia y Ávila contra los judíos a causa de la moratoria general que el rey había impuesto a las deudas contraídas con los judíos. Los cristianos asaltaron a sus vecinos hebreos para arrebatarles los documentos acreditativos de sus deudas.

Durante esta época, a excepción de breves altercados, la comunidad judía mantuvo una relación fluida con las principales instituciones civiles y eclesiásticas. La sede episcopal no intervino en los asuntos judíos salvo para aplicar las normas de separación entre comunidades que reclamaba la Iglesia. De hecho, la comunidad judía mantuvo una estrecha relación con el Cabildo de la catedral, dado que se convirtió en el principal arrendador de las casas de los judíos y empleó a muchos de ellos en las obras efectuadas en la catedral. Sólo se conoce un pleito, en el que Çag de Cuellar litigó en 1370 con el Cabildo por el alquiler de una casa situada en la parroquia de San Esteban, llegándose finalmente a un acuerdo ante dos jueces árbitros, el obispo segoviano Martín de Cande y el judío Çag Abudacham. El Cabildo era la mayor poseedora de bienes inmuebles en la Segovia del siglo XIV y obtenía importantes beneficios del arrendamiento de estas propiedades. El peso de los judíos en este capítulo de ingresos era notable, como lo demuestra el hecho de que en 1373 casi un tercio de los arrendatarios de viviendas capitulares fueran precisamente miembros de la comunidad hebrea.

Tras la muerte de Juan II en 1390, la inestabilidad política que se instaura en Castilla afectó a los judíos en reino que vieron como se rompía definitivamente la convivencia. El vacío de poder provocado por la muerte de Juan I y la ausencia de una autoridad firme fueron aprovechados por el Arcediano de Écija, Ferrand Martínez, para promover e instigar el asalto a la judería sevillana. A fines de 1390, el arcediano había logrado asaltar y masacrar las juderías de Écija y Alcalá de Guadaira y el 6 de junio de 1391, bajo su inspiración, la de Sevilla. Durante dos meses esta oleada de violencia popular contra los judíos afectó a otras comunidades hebreas como las de Córdoba, Cuenca, Toledo, Madrid, Burgos y Logroño en Castilla.

La crónica de Enrique III nos informa de la llegada a la corte de noticias de lo que estaba ocurriendo, pero no nos ofrece ningún dato sobre si la ciudad se vio afectada también por la violencia:

Partieron de Madrid e vino el rey a la cibdad de Segovia. E estando allí ovo nuevas cómo el pueblo de la cibdad de Sevilla avía robado la judería e que eran tornados cristianos los más judíos que y eran, e muchos de ellos muertos. E que luego que estas nuevas sopieron, en Cordoba e en Toledo ficieron eso mesmo e así en otros muchos logares del regno.

En 1412 los tutores del rey Juan II promulgaron unas disposiciones, conocidas como las leyes de Ayllón, muy restrictivas hacia la comunidad judía castellana. De un modo general, esta legislación limitó la independencia jurídica y administrativa de las aljamas, prohibió a los judíos el desempeño de ciertas actividades profesionales y estableció la segregación social de la comunidad judía.

La calle de la Judería Vieja

La calle de la Judería Vieja

Entre las medidas concretas recogidas en las Leyes de 1412, se encontraba la obligación de obligar a judíos y musulmanes a vivir en barrios separados. De este modo, se disponía:

Que de aquí adelante todos los judíos e moros e moras de los mis regnos e señoríos sean e vivan apartados de los cristianos en un logar aparte de la çibdad, villa o logar donde fueren vecinos. E que sean çercados de una çerca de derredor e tanga una puerta sola por donde se manden en tal çírculo. En que en el dicho çírculo, e lo que ay fueren asignados, moren los tales judíos e judías e moros e moras e non en otro logar nin casa fuera de él.

En octubre de 1412 el concejo de Segovia ya había agrupado a los judíos de la ciudad en ciertos solares y tierra pertenecientes al convento mercedario de Santa María de la Merced. Esta judería, la primera que hubo en la ciudad, se situaba entre la Almuzara, esto es, la actual plaza de la Merced y la puerta de San Andrés. El apartamiento fue cumplido rigurosamente durante años. Sin embargo, con el paso del tiempo se comienzan a dar algunas excepciones, como la del rabí Yucef, contador mayor del príncipe Enrique, que tenía su residencia en la céntrica plaza de San Miguel en 1453. Otros casos conocidos de judíos que vivían fuera de la Judería muestran cómo la presión sobre la comunidad judía se había relajado y cómo poco a poco habían vuelto a recuperar el espacio social perdido en Segovia.

Fray Vicente Ferrer visitó Segovia entre finales de 1411 y 1412 para exhortar a la conversión a judíos y musulmanes y provocando una gran expectación en la ciudad, pero no se conservan más noticias sobre su actividad en Segovia. Sólo conocemos que en la sesión del 24 de octubre de 1411, el Cabildo de la catedral dispuso que:

Por quanto fray Veçente venía, e con él, mucha gente de pobres, que del día que él entrare en la dicha çibdat fasta el día que partiere, que den de comer de la mayordomía del común a quarenta pobres cada día pan e vino e carne. E el día de ayuno, pan e vino e pescado, conveniblemente lo que les fisiere menester. E que ge lo den en el palaçio cada día a la mañana e a la noche. E que los repartan a dormir cada noche en las casas de los sennores beneficiados.
Todo hace suponer que el dominico logró en aquellos momentos algunas conversiones entre la comunidad judía segoviana, sin que sea posible aventurar ni el número ni la relevancia de las mismas.

Del mismo modo, durante la regencia de Catalina de Lancaster (1406-1419) se produjeron los sucesos del Corpus Christi en los que se acusó a un grupo de judíos, entre ellos Meir Alguadex, médico de Enrique III, de haber profanado una hostia consagrada en la sinagoga Mayor. La denuncia de este hecho, junto con el castigo de los presuntos culpables del hecho, fue la expropiación de la sinagoga, que pasó a ser iglesia bajo la advocación del Corpus Christi. Con todos estos episodios de violencia y antisemitismo producidos en Segovia a finales del siglo XIV y principios del XV aumentaron notablemente las conversiones al cristianismo.

Entrada a la Casa del Judío

Entrada a la Casa del Judío

A pesar del sombrío panorama, la aljama de Segovia era una de las más prósperas y pobladas de Castilla a finales del siglo XIV. Con el reinado de Juan II, Segovia vuelve a entrar en otro ciclo de prosperidad que se extiende con el reinado de Enrique IV durante el siglo XV. El fortalecimiento de la aljama a mediados de siglo tuvo su reflejo en el ámbito urbanístico, económico y social, con el establecimiento progresivo de los judíos fuera del estrecho espacio de la judería, en su creciente participación en el pago de los impuestos reales y en su presencia institucional en la ciudad. Entre 1464 y 1482 la aljama de Segovia se situó como la principal contribuyente en el impuesto del servicio y medio servicio. Esta circunstancia es un claro reflejo tanto del fuerte crecimiento demográfico experimentado por la aljama como de su prosperidad económica.

El 13 de diciembre de 1474, la princesa Isabel se proclamó reina de Castilla y León en la ciudad de Segovia, donde se encontraba a la muerte de Enrique IV. Aunque la aljama no participó de los actos políticos organizados, sí sabemos que Abraham Seneor tuvo un papel destacado en el acceso de la reina al trono y en su posterior consolidación en el mismo.

Los Reyes Católicos mantuvieron la protección a los judíos, pero adoptando ciertas medidas restrictivas contra la comunidad judía. En las Cortes de Madrigal, en 1476 retiraron a las aljamas su capacidad para juzgar los pleitos penales y en las Cortes de Toledo de 1480 se volvió a obligar a los judíos a vivir en un barrio segregado, confirmando con ello las Leyes de Ayllón de 1412. El apartamiento decretado por las Cortes de Toledo de 1480 se llevó a efecto en Segovia el 29 de octubre de 1481 bajo la supervisión de Rodrigo Álvarez Maldonado, que se vio obligado a moderar el excesivo celo de las autoridades de la ciudad al colocar las ocho puertas que debía cerrar el recinto, dado que alguna de ellas era demasiado estrecha para el paso de los carros y dificultaba, por tanto, el abastecimiento de la Judería. Por lo demás, los Reyes Católicos mantuvieron la protección hacia los judíos y de sus intereses con toda firmeza durante su reinado, hasta el momento de la expulsión.

Alrededor de 1486 el Tribunal de la Inquisición se estableció en Segovia, provocando una completa convulsión que desató las tensiones sociales, económicas y políticas latentes desde principios de siglo. Los conflictos crecientes entre las comunidades cristiana y judía se habían hecho tan profundos que resultaba muy difícil asumir un posible entendimiento.

La calle de la Judería Nueva

La calle de la Judería Nueva

Los regidores municipales de la ciudad de Segovia mantuvieron durante esta etapa una actitud beligerante contra los judíos de Segovia. En 1485, por ejemplo, se prohibió a los panaderos cocer los matzot en sus hornos, como al parecer tenían por costumbre. Esta decisión, de la que no se puede encontrar motivación objetiva, supuso un importante agravio a la comunidad judía, por ser la pascua muy cercana.

La oposición religiosa y social a los judíos tuvo su centro en Segovia en el monasterio dominico de Santa Cruz cuyo prior, fray Tomás de Torquemada, fue nombrado por los reyes Inquisidor general en 1483. Por esas mismas fechas, uno de los frailes del monasterio de Santa Cruz, fray Francisco de la Peña, realizaba predicaciones públicas por la ciudad en la que predisponía a la población contra los judíos con afirmaciones como sy non ponen fuego al monte, que non podría echar los lobos fuera. En marzo de 1485, los reyes ordenaron al bachiller Alvar Fernández que impidiera a fray Francisco proseguir con sus incendiarios sermones. Parece que no pudo impedirlo, porque un mes más tarde encargaron de nuevo el asunto al corregidor Ruy González.

Sinagoga Mayor. Fachada

Sinagoga Mayor. Fachada

Al mismo tiempo, la aljama sufría fuertes tensiones a causa de los diferentes intereses que mantenían sus dirigentes y el resto de sus integrantes. En 1490 los reyes atendieron una reclamación efectuada por Abraham Alboer y ordenaron a su corregidor en la ciudad que proveyera lo necesario para que todos los miembros de la aljama contribuyeran de modo equitativo en el pago de impuestos. Ese mismo año, el judío segoviano Jacob Cachopo, procurador de las aljamas del reino, solicitó a los monarcas una carta de seguro que le protegiera de Abraham Seneor y de otros miembros de la comunidad hebrea de Segovia.

En esta situación llegó el edicto de expulsión de los judíos. En Segovia este decreto fue pregonado públicamente un mes después de su redacción en Granada. Como nos relata un anónimo testigo de los hechos:

Martes, primero día del mes de mayo, día de los bienaventurados apóstolos San Philipe e Santiago, anno de Nuestro Señor y Salvador Ihesu Christo de mill e quatrocientos e noventa y dos annos, reinantes en Castilla los muy serenísimos don Fernando e donna Isabel, reyes de Castilla e de Granada, fue publicado en Segovia e en toda Castilla de mandado de sus altesas cómo vacassen de sus reynos todos los judíos que estavan en suys reynos. Dioles seguro con que saliesen dentro de tres messes de sus reynos e que no llevassen consigo oro ni plata ni moneda amoneda[da] ni armas ni otras cosas vedadas, salvo mercadorías etc. Publicose el día susodicho en el monasterio de Sancta Cruz desta çibdad estando ay todo el pueblo desta dicha çibdad, que fueron y concurrieron allí con muy devota e notable processión. Demos a Dios Nuestro Señor infinytas graçias, que permitió ser echados los infieles de nuestros reynos.

Ante la disyuntiva de bautizarse o proceder a la liquidación de sus bienes, algunos, como Abraham Seneor, decidieron bautizarse. El 15 de junio de 1492, el anciano financiero fue bautizado como Fernán Pérez Coronel en el monasterio cacereño de Santa María de Guadalupe en una ceremonia en la que actuaron como padrinos los propios Reyes Católicos.

La aljama se vio obligada a liquidar los bienes comunales. En el momento de la expulsión estas propiedades consistían en dos sinagogas, la nueva sinagoga Mayor y la del Campo con su hospital anexo, el cementerio, una carnicería, un horno y unos baños.

Calle de Juan Bravo. Al fondo se encontraba la ubicación de la Puerta de la Judería

Calle de Juan Bravo. Al fondo se encontraba la ubicación de la Puerta de la Judería

La falta de noticias sobre la salida de Segovia de los judíos impide conocer, ni siquiera de un modo aproximado, el número de judíos que abandonó la ciudad y el de los que decidieron convertirse al cristianismo. El único dato seguro lo proporciona un censo de conversos de 1510, dieciocho años después de la expulsión, que reflejó la existencia en Segovia de 788 conversos, distribuidos en 209 familias. De cualquier modo, al considerar este dato, es necesario tener en cuenta que la cifra no hace referencia tan sólo a los bautizados en 1492, sino al conjunto de los conversos residentes en la ciudad.

Los conversos, convertidos ya en cristianos nuevos, siguieron viviendo en las mismas calles en que lo hicieron sus antepasados. La vieja judería se convirtió entonces en el Barrio Nuevo, cuyo trazado urbano se ha mantenido en líneas esenciales hasta nuestros días.



Agenda