|
Hacia mediados del siglo I a. C., Dertosa aparece documentada como colonia romana, fundada por los legionarios que habían obtenido propiedades en el territorio de Hibera después del triunfo de Julio César en Ilerda (Lérida), ya en época de Augusto.
Tras la destrucción de Tarraco en el s. V d. C., los visigodos se encontraron con una ciudad plenamente romanizada y próspera por lo que decidieron respetar su lengua latina, administración y orden social. Por eso se suele decir que la influencia de Roma se mantuvo en Tortosa durante unos novecientos años, hasta la conquista musulmana entre 713 y el 718. A finales del siglo X, Turtuxa, a causa del desmembramiento del califato de Córdoba, se convirtió en capital de la taifa de Tortosa.
Actualmente, Tortosa es la capital del Baix Ebre y centro de una vasta diócesis. El Ebro y los puentes que la atraviesan son uno de los principales rasgos de la fisonomía de Tortosa. y hace ya algunos años, en 1986, pudo celebrar el Bimilenario de su nacimiento...
Tenemos constancia de la existencia de judíos a la ciudad desde época visigótica, como lo demuestra la famosa lápida trilingüe, aunque se especula que la presencia judía se remonta a la etapa de dominación romana.
Durante la época de dominación musulmana, a causa de su posición fronteriza y de su tradición comercial, Turtuxa fue el nexo de intercambio entre las comunidades cristiana e islámica. Por ello, no nos ha de extrañar la relevancia de la ciudad y la aparición de personajes sefardíes con renombre dentro del contexto cultural peninsular, como Menahem ben Saruk, comerciante, poeta y filólogo, autor de una gramática hebraica basada en la lengua árabe por encargo del célebre humanista Hasday Ibn Shaprut, natural de Córdoba. Otro personaje destacado es el médico Ibrahim ben Iacob, que con el relato de sus viajes comerciales proporciona una valiosísima descripción geográfica de gran influencia entre los tratadistas árabes.
Tras la conquista de Turtuxa, la Tortosa islámica, en 1148 por el conde Ramón Berenguer IV, éste procedió a la donación de las antiguas atarazanas árabes a la comunidad judía para la construcción de 60 viviendas; nace así la llamada Judería Vieja o Call Vell(en catalán) que va desde la actual calle Jaume Tió Noé hasta el barranco del Célio. Y ésta es la primera noticia que se tiene de la existencia de un barrio habitado exclusivamente por judíos en Tortosa, aunque su presencia en la ciudad esté documentada desde el siglo VI.
Más tarde, a principios del siglo XIII, se construye la Judería Nueva o Call Nou.
Ambas han conservado prácticamente intacta y hasta la actualidad la estructura laberíntica de sus calles y algunos topónimos.
La aljama de Tortosa era una de las más importantes del territorio peninsular, y las actividades comerciales y financieras de los miembros más preeminentes beneficiaban indirectamente la población cristiana. Ya en el siglo XIV destacaron personajes como los hermanos Isach y Jafudà Marçili y Abraham Mair, banqueros, a quienes recurría la ciudad en momentos de problemas de subsistencia, y que participaban en la financiación de las empresas de la Corona.
Durante el siglo XIV, se abre en toda la Península un período de fuerte presión social hacia los judíos, que tendrá como consecuencia las emigraciones y las conversiones en masa. El proceso de creciente hostilidad contra los hebreos de Tortosa tiene su punto culminante en las revueltas del 1391, cuando se saquean la mayoría de barrios judíos en toda la Península. Básicamente de tipo económico, las causas toman una apariencia religiosa. En el caso de Tortosa, el ataque no fue tan cruel como en otros lugares. Por orden real, las autoridades locales decidieron la reclusión de los miembros de la aljama en el Castillo de la Suda para protegerlos de un posible ataque.
Fue un duro golpe que culminaría con la expulsión en 1492. Río Ebro abajo, los judíos de Tortosa iniciaron el camino del exilio, mientras dejaban atrás su casa y su ciudad, para embarcar desde el Port Fangós en dirección a Barcelona y dispersarse después por Europa.
Durante el reinado de Pedro el Ceremonioso, en el último tercio del siglo XIV y con motivo de la guerra con Castilla, se dotó a la ciudad de un nuevo recinto amurallado. La construcción supuso una ampliación del espacio urbano amurallado que coexistió con los muros del antiguo recinto que quedaron en su interior. La construcción medieval conserva en la actualidad casi intactos el camino de ronda y el perfil almenado que la coronan.
De las murallas quedan aún hoy en pie la torre redonda llamada Torre del Célio o Grossa de Vimpeçol y el tramo de muralla que une a esta con las avançades de Sant Joan.
Las reestructuraciones urbanísticas y la construcción de ensaches durante el siglo XIX traen consigo el derribo del tramo de muralla que iba desde la Torre del Célio hasta la Torre de Vimpeçol de Ribarech o Rodona ("Redonda"), que estaba situada a orillas del río. De este tramo aún se puede seguir el rastro paralelo al barranco del Célio.
El portal, que estaba situado al final de la calle Major de Remolins, era uno de los accesos principales de la ciudad, el cual la comunicaba con los núcleos de población del margen izquierdo del río y era la salida al camino real en dirección a Zaragoza.
La disputa de Tortosa
Salimos del Call (barrio judío en catalán), por las calles Major de Sant Jaume y Santa Anna. Este camino es el mismo que condujo a los judíos hasta la Seu en febrero de 1413, momento en que se inició en las dependencias de la Catedral la Disputa de Tortosa. La controversia, convocada por el papa Benedicto XIII, fue una iniciativa de su médico, el converso Jerónimo de Santa Fe, para discutir la llegada del Mesías y, consecuentemente, la pérdida de sentido de la religión judía. Tuvieron lugar casi setenta sesiones públicas presididas por el papa, que se prolongaron hasta el año 1414.
Los resultados de la controversia fueron nefastos para la aljama de Tortosa. Todos los rabinos que tomaron parte, a excepción de dos, abjuraron de su fe, cosa que tuvo como consecuencia una ola de persecuciones, conversiones en masa, y la publicación, en mayo de 1415, de una bula papal en que se dictaban severas disposiciones contra las libertades de los judíos.
|