Después de la expulsión en 1492, la antigua judería
es repoblada con cristianos llegados en gran parte de fuera de Calahorra.
En el lugar donde se encontraba su
sinagoga,
se levanta hoy la Ermita de San Sebastián (antes el claustro del
convento de los Padres Franciscanos).
El primer documento sobre la presencia de la comunidad
judía en Calahorra data de finales del
siglo XI.
Poco después, cuando Enrique II de Trastámara ocupa
Calahorra y es elegido rey, parte de esa comunidad judía
huye al reino de Navarra por temor a represalias.
Judíos con el apellido
Calahorra y
Calahora,
descendientes de los expulsados en 1492, se detectan en el
siglo
XVI y XVII en Cracovia (Polonia). A través de la abundante
documentación existente sobre
compraventa y arrendamientos de propiedades rústicas, podemos
hacernos una buena idea del
enorme poder adquisitivo de
esta comunidad judía. Los judíos de Calahorra se dedican a
tareas agrícolas pero también al
comercio
y a
actividades de tipo artesanal. También está
documentada la presencia de
médicos
y numerosos
arrendadores y recaudadores de rentas.
Una prueba de la importancia de la aljama judía de Calahorra se encuentra
en el hecho de que en la ciudad viviera la última etapa de su célebre
vida
Abraham Ibn Ezrá,
poeta, teólogo, astrónomo y astrólogo del siglo XII,
autor entre otras obras del comentario a la
Torah,
y diversos libros y tratados de astronomía.