En el lugar donde se encontraba la sinagoga de Calahorra, se levanta hoy
la Ermita de San Sebastián (antes el claustro del convento de los
Padres Franciscanos).
En los fondos del
Museo Diocesano de la Catedral se guarda
la
Torá
procedente de la
sinagoga calagurritana,
hallada en 1929 por Fernando Bujanda y Julián Cantera. Se encontró
como cubierta o envoltura de dos libros de actas del Cabildo Catedralicio
de los años 1451-1460 (con cuatro columnas de escritura) y 1470-147.
También se conservan documentos de compra-venta y arrendamiento relacionados
con los judíos, así como asuntos de la vida ordinaria escritos
en caracteres hebreos.
La
catedral de Calahorra fue edificada a finales del
siglo
XV en memoria del martirio de los legionarios romanos Emeterio
y Celedonio, decapitados, según la tradición, hacia el año
300 en este mismo lugar. La veneración por este martirio explica
su emplazamiento, a extramuros de la ciudad, en su parte baja y a orillas
del río Cidacos.