La boda judía

La ceremonia se realizaba debajo de un palio nupcial llamado jupá. El oficiante, por lo general un rabino, pronuncia sobre la pareja siete bendiciones (sheva berajot), y se bebe de una copa de vino. Como acto simbólico, el novio toma a la novia por esposa colocándole en el dedo un anillo de oro, a la vez que pronuncia la formula que le consagrara como mujer suya. Y la aceptación por parte de la novia, a que el anillo le sea colocado, expresa el consentimiento de ella de unirse por esposa a ese hombre.

Luego se firma y se lee en publico el documento matrimonial, la ketubá, donde constan las obligaciones que el hombre toma sobre sí como esposo, y la indemnización que deberá pagar a la mujer en el caso de que alguna vez quiera divorciarse de ella. También firman al pie de la ketubá dos testigos de la ceremonia.

Como punto final de la ceremonia, el novio rompe con un pisotón un vaso colocado a sus pies. Este gesto evoca, en medio de la alegría del casamiento, la destrucción del Templo de Jerusalén destruido hace casi dos mil años.

En algunas épocas -y muy raras veces incluso hasta hoy- los festejos del casamiento se prolongaban durante siete días.