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Crisol de cultura
Toledo, situada
sobre una colina ceñida por el río Tajo, ha permanecido
prácticamente inalterada desde el final de la Edad Media,
cercada por murallas y formada por un dédalo de calles que
suben, bajan y se entrecruzan. Por ello, se dice que Toledo es una de esas
ciudades para recorrer a pie, en busca de sus principales monumentos que
son también hitos del arte y de la cultura peninsular o para perderse
por entre los recovecos de su intrincado plano.
Los restos de su muralla se remontan a la época de su fundación
romana, en el s. II a. C. Tras su conquista por el rey Leovigildo,
a mediados del siglo VI, fue nombrada capital del reino visigodo
hasta la llegada de los musulmanes, que se hicieron dueños de la
ciudad en el año 711. Cuando el rey cristiano Alfonso VI reconquista
Toledo en el año 1085 y la convierte en capital del Reino,
a partir de esta fecha, conviven en la ciudad los cristianos, los judíos
y los musulmanes.
En la actualidad, conserva entre sus muros, casi intacta, la riqueza
cultural que propició durante tantos siglos de esplendor la buena
convivencia de las tres grandes culturas de Occidente.
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